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miércoles, 4 de febrero de 2026

**Un sapo saltarín.



Un sapo saltarín que por una ciénaga saltaba con alegría, cantaba croando y sin fin.
Un mal salto se pegó y al río fue a parar, y de bruces que se dio con una ranita que cantaba croa, croa.


Dándose de óxicos, sus lenguas toparon ya. "A qué asco", dijo la rana.
El sapo de ella se enamoró, saltando entre las aguas; con la orilla se pegó, en una piedra afilada, y él dijo: "Hay que dolor".


Al atardecer del otro día, el sapito la fue a buscar; saltando con alegría, al río fue a parar.
Croando se pasó toda la tarde, esperando a su amor, a que saliera del agua, y su ociquito asomó.


¿Dijo el sapo?
Hay ranita que te quiero, y la rana dijo: "No, pues tú eres muy feo, la madre que te parió".
Ay, sí soy un sapo; ¿cómo quieres que sea con mis bultos blancos? Son lindos, aunque tú no lo creas.


Hay, sapito, tú no ves cómo soy yo, una ranita suave con rayitos como un sol.


Sí, ranita, es que yo te quiero; pasearías un rato conmigo y verás qué listo soy.
Así, a la luz de la luna, pasearon los dos; él le contaba cosas hermosas, cosas que solo eran de dos.
Saltaron un poco más, y a la carretera fueron a parar; de pronto, una luz los cegó sin poderlo evitar.


Ella saltó y saltó, y contra el coche fue a parar, pegándose contra el faro, e inconsciente quedó allá.
El sapito, que era muy listo, a su grupa la llevó, la agarró entre sus verrugas, saltando hasta su rincón.
Vivía en una cueva, cerca de un manantial de agua pura y fresca; allí la fue a lavar, con sus patitas muy sucias que Blanquita le dejó. Le hizo el boca a boca, y se puso algo mejor.


Así la metió en el agua, que casi mágica sería, curándole las heridas y, croando, se puso a nadar.
Y el sapo que la miraba sin quitarle el ojito: Unnn, qué linda eres, ranita, ¿cómo nadas, mi amor? Estaría toda la vida viéndote ese cuerpo de ilusión, que bien sabes que te quiero y te entregaría mi corazón.
Hay sapito caprichoso que tú me quieres tener, y trincarme descuidada y poseerme después.


La ranita presumida no le quitaba el ojillo, pero con él se quedó; estuvieron mucho tiempo hasta que de él se enamoró.
Los dos cantaban a dúo y se casaron los dos, y tuvieron sapiranas en la charca del amor, y tuvieron muchos hijos y cantaban a la vez.
Formando una orquesta, siendo muy felices, pues.
Y paseaban por las noches, con la luna sobre sus pies.

Enrique Nieto Rubio.
Derechos reservados.
J.D.DODA.YM,VJ.




domingo, 17 de agosto de 2025

**Brited Díaz de Navidad. (cuento).

 Días de Navidad, un niño.

Brited era un niño pobre venido de otro país.
Él vivía en las calles y en estas Navidades. Con doce años ya no creía en nada, y sus padres han muerto en Jerusalén por los ejércitos de Israel. Este chico vagó en un barco hacia Francia y aquí se formó su historia.
Es un niño de estos que tantos millones hay en este mundo invisible, pues a estos nadie los ve.
Él sabía que Papá Noel no vendría ni los Reyes, tampoco. Él era consciente, miraba mucho los televisores encendidos de los escaparates, y tenía unos sueños de estos de soledad y amargura.
Rebuscaba en los contenedores y conseguía zapatos y ropas con los cuales se vestía y se calzaba.
Él pidió en la cocina de un restaurante, creyendo que no les darían nada, pues tenía la fe perdida.
Pidió un pequeño bocadillo, y un señor grande y con barba espesa y blanca le dijo.
Chico, espérate un momento.
Él creía que se reirían de él como otras veces hicieron, pero en unos minutos salió este señor, con un bocadillo, ufff, juro que era tan grande que este chico no tenía manos. Para sostenerlo, era de calamares calentitos en una gran Viena, lleno de mayonesa y una Coca-Cola fresquita.
A este niño se le aflojaron las piernas y tuvo que sentarse en el suelo, así como cogió el gran bocadillo.
Ufffff, sus lágrimas eran ríos de tantas penas atrasadas.
Comió y comió. Madre dijo, mirando al cielo, decía: ¡Qué rico está, ufff! Llamó otra vez en la puerta, que era de estas grandes de hierro, para darles las gracias a este señor, no sin antes guardarse más de la mitad del bocadillo para los días siguientes.
Pero solo salió un chino así, vajillo. Él le preguntó: ¿Podría usted avisarle al señor ese grandote con barbas blancas que me ha regalado el bocadillo?
El chino le contestó: Yo no entiendo, aquí estoy yo solo, uff, niño, que no tengo mucho tiempo.
Ufff, este niño se dio la vuelta y se dijo: Verás si Papá Noel va a existir todavía.
De pronto, se vio frente a un inmenso árbol de Navidad, enjambrado de luces, que hasta calentaba la calle y, harto de comer, seguía con su Coca-Cola que parecía que nunca se vaciaba.
Eran las once de la noche del día cinco de enero, y eclipsado por las luces. Ahora sí, era feliz.
Se sentó en este banco, cerca del árbol de las luces, como él decía, y sus ojos le brillaban como si tuviera la estrella de Belén.
Él recordó en su tierra que aún seguían cayendo bombas en sus calles.
Y otra lágrima rodó.
Se acercaron dos niños pobres; más estos eran un español y su amigo francés, que se fugaron de un orfanato.
Ellos miraban las luces con esos ojillos de asombro.
Brited les dijo: —Tenéis hambre, y ellos contestaron: —Sí, mucha.

Sacó su gran bocadillo, que aún estaba calentito, y lo partió por la mitad, dándole a cada uno, y cogió dos vasos de plástico, que en el asiento había, y los llenó de coca-cola fresquita. Así estuvieron comiendo hasta hartarse, y cantaron algunos villancicos en francés y en español.
Enfrente había una inmensa tienda de juguetes que era de Galerías Preciados, y en su escaparate un señor vestido de rey observó a ese chico, que estaba solo y que ahora compartía ese bocadillo tan rico.
Salió y le preguntó al chico que dio su bocadillo si conocía a los otros dos.
Él contestó que no, que como tenían hambre les dio su bocadillo.
Viendo un gesto tan bonito en Navidad, aunque era el dueño de aquella tremenda tienda, se dio cuenta de que la Navidad seguía muy viva y reluciente.
Al ratito se llenó a todo su alrededor de cientos de personas, cantando a la vez que estos tres chicos.
Que desde este día comenzaron a ver que aún había esperanza para este cruel mundo.
El señor Este sacó un montón de juguetes para ellos y de paso regaló balones a todos los que allí había.
Más, esta noche vendió todos los juguetes que tenían...
Desde este día, estos chicos comenzaron a ver la vida de otra forma, que al poco tiempo fueron adoptados por unas personas maravillosas.
Os lo digo porque este niño era yo. Cuento de
Enrique Nieto Rubio.

 Derechos reservados.
Cuento de ficción. De Navidad.

lunes, 4 de agosto de 2025

**Érase una vez EL abuelo y la niña del vestido rojo. (cuentos)

 

Érase una vez EL abuelo y la niña del vestido rojo con sus flores blancas.
Un día se fueron de perol, y el abuelo fingía cansarse para así contarle a su nieta sus vivencias por la vida, ya que él fue un pescador de alta mar.
Se tumbaron sobre un árbol; el día era fantástico y él le contaba, cuando vieron como un dragón en el mar, cerca de la isla Abolan allí. Ellos iban muchas veces, pues había una cantina de un viejo pirata.
Este contaba sus hazañas a ellos, pues el pirata, mientras tomaban cerveza, los entretenía contándoles de una isla fantasma, donde un día desembarcaron allí por un barco holandés que fue a la deriva por una gran tormenta, con asesinos de lo más peligrosos.
Allí murieron de viejos, protegiendo un gran tesoro que los piratas escondieron y jamás pudieron regresar, pues esa isla suele desaparecer con la niebla.
La niña alucinaba con su abuelo, que era fantástico.
Eso lo solía hacer muchas veces; otras veces le contaba alguna que otra historia. Cuando un día en alta mar estaba la mar muy revuelta y al coger las aneas, un golpe de agua lo sacó por el otro lado del barco.
Ya era casi de noche y no se veía apenas.
Pues cayó en lo alto de una inmensa ballena; esta lo miró y quiso darles un buen susto. Él se agarró a un arpón que llevaba clavado la ballena, salió a gran velocidad hasta llegar cerca de una isla. A esta pobre ballena le caían unas lágrimas, pues les dolía mucho.
El abuelo de un tirón le sacó aquel arpón, pues él sabía un truco para hacerlo sin dañar mucho a la ballena... Está en su agradecimiento; lo llevó despacio hasta el barco y así no se caería.
Para contentarla, pues después ella, cuando volvía a casa, con mucha alegría y con grandes ojos, se lo contaba a sus papás.
Otras veces se la llevaba a pescar, a la orilla de un río manso, y aunque no pescaban mucho, se lo pasaba maravillosamente; su abuelo era lo más grande para ella.
Enrique Nieto Rubio.
Derechos reservados.

martes, 8 de julio de 2025

**Juanito fabricante de compost..

 






Juanito era uno de los seis hermanos; su mamá, ya con 50 años, era una mujer maravillosa y su papá, un hombre que siempre estaba trabajando.
Ellos vivían en una casa en Córdoba, casco viejo.
Su madre, una amante de las flores y plantas, tenía un patio precioso.
Un día ella cayó malita y ya no pudo levantar cabeza.
Todo su hermoso patio empezó a demacrarse; por más que los hijos y una niña de 15 años regaban esas plantas, visto era que no la aceptaban y se cavaban, pero ¿qué pasaba si lo hacía como su mamá...?
Todo el patio ya daba pena y la madre, desde el dormitorio que daba al patio, veía cómo sus plantas se morían y las lágrimas le brotaban amargamente...
La madre llamó a Juanito, que él siempre estaba pendiente de ella; le preguntó: "¿Qué haces, Juanito?".


Juanito le contestó: "¿Mamá, estoy haciendo compost para las plantas?... ¡Pero con qué, hijo! Pues recolectó todo lo que sale de las verduras, de la cocina y los restos de frutas como las naranjas, los plátanos, las cáscaras de melón y todo lo que sean restos de verduras. Pues lo he visto en un tutorial en internet. Y ya tengo un bidón muy grande, lo pico todo en pedacitos muy pequeños y se degradan antes.
Verás, mamá, cómo tus plantas reviven pronto. Y tú te podrás buena lo se mama,
Juanito comenzó y nadie sabe por qué, con la más próxima al balcón de su mamá.
Sacaba las plantas casi moribundas y toda la tierra de la maceta la iba mezclando con su compost; una a una les cambiaba toda la tierra y la mezclaba con su material.
Regándolas al instante; bueno, solo eran unas, vente y las del suelo que tenía de todo.
Las plantas resistían y, durante los meses próximos a la primavera, todas comenzaron a brotar como si no hubiera un mañana.
Las flores ya en mayo salieron y fueron las más hermosas vistas nunca por su madre, que las miraba desde su balcón, y ese aroma a geranios, pericones y margaritas. Las azucenas alcanzaron su balcón de altas que se pusieron hasta un palo que encontró mientras iba al mercado, que les daban todo lo sobrante de las verduras. Ese palo lo usaba para menear el compost.
Se levantó una mañana y estaba dentro de su bidón y brotando unas preciosas hojas.
Lo plantó en un macetón y en tres días salió una planta trepadora, con preciosas campanitas subiendo hacia su balcón.
Así, paso a paso, su mamá fue mejorando y cada vez más preciosa.
Llamó a Juanito para que la ayudara a levantarse, salió al patio, viendo ese milagro, y con lágrimas en los ojos abrazó a todos sus hijos, dando vueltas con ellos en el centro del patio.


Cuando de tarde llegó su esposo y la vio tan joven y radiante, se abrazó a ella como si fuera la primera vez.
Ella responde: no volvió a enfermar jamás.
Juanito ya no paró de hacer compost con tanta magia que llegó a crear la empresa más grande de la ciudad, que hasta los ricos del campo la usaban para los huertos.
Y que me jaspe, si miento que las frutas y verduras eran las más sanas de toda Córdoba.
Le preguntaban cómo lo hacía, pero su secreto era el amor y dedicación que les ponía; bueno, eso nunca se lo dijo a nadie.
Solo lo sabía su maravillosa madre.
Enrique Nieto Rubio.
Derechos de autor.

jueves, 3 de julio de 2025

**El gorrión y la hormiga, cuento.

 

El gorrión y la hormiga, cuento de Enricostro.

Érase una vez una linda hormiguilla que paseaba por la ciudad.

Aunque era verano, de pronto un remolino la lanzó hasta no se sabe dónde; el caso es que se vio en medio de una carretera en la que pasaban muchos coches.

Ella se vio perdida cuando unas ruedas se dirigían en su dirección, pues por mucho que ella corriera, nunca llegaría a la orilla, pues esa carretera era muy ancha.

Ya se vio morir, cuando un gorrión desde lo alto la vio y se tiró en barrena, cogiéndola con su pico, que casi un coche los hubiera arrollado. La llevó hasta cerca de un gran árbol.

La hormiga le dijo: "¿Muchas gracias, gorrión, si no es por ti ahora estaría muerta o malherida, gracias, gracias?"

¡De nada, amiga, hoy por ti y mañana por mí!

Se despidieron sin más.

El gorrioncillo voló y, en un descuido, tropezó con una rama, cayendo al suelo, y parte de la rama cayó con él, atrapándolo debajo.

El pobre pajarito decía: ¡Socorro, socorro!

Y su amiga, la hormiga que no estaba tan lejos, oyó su sonido y para allá que se fue.

Al poco rato llegó y le dijo: "¿Pero, chiquillo, qué te ha pasado?".

¡Ya ves, un descuido y me lo he pegado y no puedo salir! ¿Hay? No te preocupes, hormiga, ¿que te vamos a sacar?

Las hormigas tienen un sonido muy peculiar que, cuando chillan, las ondas alcanzan cientos de metros.

A un hormiguero cercano le llegó esta alarma y de pronto cientos de hormigas allí acudieron.

¿Qué pasa?, dijo la hormiga principal. ¡Que se ha quedado atrapado mi amigo, el gorrión! Dijo: "La hormiga principal, ¿pero no nos comerá después?". ¡No, para nada, de eso, si es mi amiga!

Bueno, pues venga.

¿Hormigas, haremos tres hileras debajo de la rama, y después otras tres, en lo alto de vosotras, y otras filas, así hasta que consigamos que la rama suba? ¿Os parece? ¡Sí dijeron todas!

Lo sacaron. Ufff, dijo el gorrión: "Muchas gracias, hormigas, me habéis salvado la vida, menos mal que no me he roto nada".

Pero como el tiempo estaba loquito, no habría dos sin tres.

Un gran chaparrón de pronto cayó y todas las hormigas corrían peligro, pues una gran arriada venía cuesta abajo donde estaban ellas.

El gorrión dijo: ¡Correr, subirse encima de mí rápido! Así se subieron tantas que el pobre pajarito no podía remontar el vuelo, pues la altura hacía más de tres pájaros de alto, pero salió corriendo y dando un salto que casi el agua le coge, y voló muy alto y se subió a la copa de aquel gigantesco árbol.

En él había un gran agujero y allí se metieron todas y el gorrioncillo también hasta que pasara aquella tormenta. Ese árbol que, a través del tiempo, había ido acumulando una gran cantidad de semillas que el viento había ido depositando allí,

Las hormigas que lo han descubierto le han subido a su salvador muchas semillas para que comiera, pues se lo tenía bien merecido. Así que todos se dieron una gran comilona e hicieron de ese agujero que llegaba hasta la tierra un hormiguero tremendo para todas.

Y así tuvieron una gran amistad, que el gorrioncillo iba a comer todos los días allí. Fin.

Enrique Nieto Rubio 
Derechos reservados de autor.

IA.ID.DODC.DD,OM.

miércoles, 2 de julio de 2025

**Donde se guarda el conocimiento. (cuento)


Aquí donde se guarda el conocimiento y se esconde el saber. Aquí vive una peculiar damita; ella, en su saber, es la más lista de la tierra, pues guarda en su pequeño cerebro toda la historia del mundo.

Pues aquí se esconden todos los cuentos, fábulas, relatos y las historias del mundo más impresionantes.

Ella es la guardiana de los libros, y aunque ustedes no lo crean, es una preciosa rata, de ojos rojos como el fuego, y para más conceptos es inmortal. Pues ella vive desde los primeros días del nacimiento de la tierra, pues para el conocimiento de mi amigo, Tambok Branner, ella sí nació de un árbol de este, que sostiene el conocimiento. 

Nuestra querida amiga, la rata, fue y sigue siendo un espíritu libre, soñadora de mundos y universos.

Cada día, ella sale de su casita y sube hasta el árbol más alto, y créanme, es inmenso, tan grande como una montaña.

Una vez arriba, sigue leyendo historias que la vida cuenta y, mirando el sol de primavera, ella se sonríe, sí, sí, como hoy mismamente, que lee un cuento de ella misma, creado por un soñador.

Y así vive feliz, como muchos, pero ella también lee la memoria de las guerras vividas y de lo poco que aprendemos de ellas; las hacemos para qué.

¿Quién gana, los muertos o los vivos? También se pone muy triste que personas mayores de estos gobiernos botados por las mayorías de las personas asesinen a miles de niños, robándoles sus ilusiones y, aún peor, a las criaturas malheridas y a aquellas que ven cómo las bombas explotan matando a sus hermanos y a sus papás. ¿Qué sienten ellos? Estos son asesinos endemoniados por Satanás, pero ¿y los que vivimos lejos de las guerras, que moriríamos por nuestros hijos y nietos? Nos echamos las manos a la cabeza y escuchamos: No es que sea una guerra. Y lo vemos hasta normal, qué maldición tiene nuestro mundo; desde que Caín mató a su hermano Abel, desde ese maldito día el mundo llora mientras mata. No se entiende, pero es así.

Quizás fue Dios, que nos creó con tantos defectos, que así seguiremos siendo.

Así que nuestra amiga ahora también está llorando.

¿Cómo es posible que en Tierra Santa existan estos asesinos de niños? Ahora la próxima generación de niños saldrá terrorista, como ellos les llaman, por defender sus tierras y a sus gentes. ¿Qué les decimos a estos niños asesinos o terroristas y quién los está haciendo así?

Ellos con el apoyo de los vendedores de armas, como Estados Unidos. Ya ven, todo está en los libros.

A los muertos ya no se les olvidará. Si no aprendemos de nuestros errores, estaremos siempre condenados.

Uy, a la ratita le ha dado fríos, se ha estremecido y ya viene a su casita; se acostará temprano, pues se siente mal la pobre. Con tanta información ha quedado exhausta y está llorando por todos.

Y tú que lo ves todo, ¿qué estás esperando para actuar? Y no me vale que digas que somos nosotros; no, nosotros lloramos, también lloras tú, porque, si tú tienes la llave del bien y del mal, solo lanza un inmenso rayo destructor y acaba de una buena vez con todo. 

Enrique Nieto Rubio.

Derechos de autor.

lunes, 14 de abril de 2025

**Lucin un chico de 18 años.

 Lucin es un chico de 18 años en un pueblecito de China.

Su mamá estaba muy enferma, pues se moría.
Y los sabios del pueblo les dijeron: Lucín, tu madre se muere y solo hay un remedio: tendrás que subir al monte Tai; casi en su copa existe una cueva, pero tienes que tener cuidado, pues allí vive un ángel custodio y difícil será que deje entrar a nadie; solo con la verdad y el amor te puede dejar.
Allí dentro existe la flor de loto, pero es azul por su flora en la oscuridad; ella tendría que tomarla en infusión, pero tiene que ser antes de ponerse mustia.
Solo así podrá curarse tu madre, y tiene que ser cogída con mucho amor por algún hijo de ella.
Así que Lucin salió de inmediato, tomó buen calzado y cuerdas, pues, el camino hacia la cueva solo empieza desde la mitad de la montaña.
Al día siguiente Lucin llego a los pies de aquella inmensa montaña, mitad llena de sombras y mitad llena de nieve.
Lucín quería mucho a su madre y no pararía en su intento, así que empezó a gatear con su cuerda y dos garfios.
No se lo pensó para nada; en lo alto de la montaña existían unos bichos luminosos que, si los mirabas, ellos hacían que la vista se perdiera, provocando la caída, y su fin sería la muerte.
Esto se lo dijo un monje que vivía en otra cueva que existía abajo del todo,
Pues había una entrada secreta que solo los monjes y los ángeles sabían.

Lucín, el monje le dijo que lo mejor para subir era ponerse una venda en los ojos. Así subió en dos días hasta llegar al camino aquel, no sin casi caer dos veces.
Él era muy joven y fuerte y casi subió corriendo por aquel áspero camino. Y en la entrada de la cueva, se puso de rodillas, pues la humildad sería el primer paso. Una vez de rodillas, imploró entre rezos; el monje le explicó sollozando: "Hada, ¿estás ahí? Por favor, no podría mirarla a la cara, pues si así lo hiciera, quedaría encantado".
El hada respondió: "¿Quién osa molestarme en mis rezos?".
Soy yo, Hada Lucín, vengo a suplicarte para que me dejes coger la flor de loto, pues mi madre se muere.
El hada, a dos metros por encima de él, se acercó; su imagen era luminosa. Puso su mano sobre su cabeza y dijo: "Eres un buen chico, pasa y tómala, pero envuélvela en esas hojas grandes que hay en la entrada".
.
Él entró y a unos tres metros, frente a él, estaba esa preciosa flor; la cortó con mucha delicadeza y la envolvió con aquellas hojas, pero al salir, cometió la torpeza de fijarse en sus piernas blancas y suaves, pero siguió subiendo hasta verle esos ojos verdes fuego, por lo cual quedó poseído por el hada.

Ya él jamás podría dejar de mirarla.

De pronto, sus alas estallaron y solo quedaron aquellas heridas de sus alas cayendo al suelo, desmayándose.

El Alber, entre unos rayos que brotaban de sus ojos, tomó algunas flores más y las frotó en sus heridas, curándola de inmediato.

Al cabo de un buen rato, ella repuesta tendría que ir con él para siempre, pues otra hada ocuparía su lugar.

En ese mismo instante, se abrió una puerta y ella, de la mano, lo bajó de aquella montaña.

Así abajo lo esperaban con una carreta y partirían de inmediato, pues su madre agonizaba.

Corrieron velos mente sin importarles los obstáculos, al anochecer. Llegaron a la casa y el hada que ya no era, pues sus alas quedaron allí, clavadas en la pared de la cueva.
Ella, en vez de hervir el agua, pues ya estaba inconsciente y no le haría efecto...

Ella, con sus dedos, se sentó a su vera y le fue metiendo pétalos de flor que el hada iba masticando y, poco a poco, su madre iba tomando un color rozado luminoso hasta reponerse.

Y después jamás se pondría enferma, que incluso por habérselas dado así, tampoco envejecerían…
Así Lucin se prometió con aquella hada, que en su perfección era hermosísima y muy cariñosa; más dieron una gran fiesta, a la que todo el pueblo quedó invitado.
Siendo así, los más felices de todos los tiempos y vivieron para siempre.

Enrique Nieto Rubio.
Derechos de autor.

viernes, 8 de noviembre de 2024

**El niño y el oso. (cuento)

 




El niño y el oso de Enricostro (cuento)

En un gran bosque cerca de una pequeña aldea, allí

Dentro del bosque, apareció un niño, de unos tres años. Estaba perdido y lloraba mucho, pues andaba y se caía, se levantaba y seguía caminando y seguía llorando mucho.

Ya al atardecer la noche se iba acercando y el chiquillo, muerto de frío, lloraba y lloraba.

Esto pasó porque unos papás jóvenes se fueron de pícnic y el chiquillo se alejó sin que ellos se dieran ni cuenta.

Ya este niño, agotado, de pronto un gran oso de más de dos metros apareció entre el follaje, y agachó el hocico, como para comérselo; lo olió y el chico lo agarró con su manita, ya casi perdido.

Este sacó sus grandes uñas de más de dos cuartas, metiendo sus garras debajo del niño en forma de pala, y lo cogió pegándoselo a su cuerpo; lo abrigó de tal manera que ni el mejor abrigo del mundo lo podría calentar.

Este niñito se arropó con él y quedó dormido.

Se suponía que, llevándoselo a una cueva, en lo alto de la montaña, allí se lo comería.

El oso entró en su cueva y quedó durmiendo con aquel niño.

A la mañana siguiente, el gran oso, antes de que se despertara, fue a por mucha fruta; trajo manzanas, un plátano, frambuesas, uvas, de todo, pues era tan grande que árbol alguno se le resistiría.

Con sus grandes uñas cortaba todo en pequeños trocitos y se lo iba dando.

Más tarde, se tiraron todo el día jugando, y se divertían mucho los dos; el oso lo tomaba y por una gran cuesta se dejaba rodar con el chico, que se reía mucho...

Ya al atardecer comía y se echaba en lo alto del gran oso y se quedaba dormido...

Así pasaron varios días y por allí nadie pasó a buscarlo, claro; a lo mejor pensaron que, como vivía el oso, lo mejor sería no acercarse, pues parece ser que todo el pueblo lo buscó.

Una noche de luna llena, el oso tomó al chico y bajó a la aldea sigilosamente, pues no quería que la alarma se pusiera por el oso.

De todos modos, era ya muy tarde, y todos dormían, pues fuera de sus casas todo estaba superoscuro.

El oso anduvo todas las casas, y viendo que estaban oscuras, es que estarían durmiendo, y supuso que sus papás no lo estarían, así que prosiguió mirando, y la última sí tenía luz, pues ellos lloraban amargamente por su hijo, que pensaron que ya estaría muerto.

El gran oso se asomó por la ventana y con sus largas uñas ticó en el cristal. Ellos miraban y solo se veía un gran bulto negro en la ventana, pero el oso, que era muy listo, con sus manos levantó al niño que dormía plácidamente.

Lo vieron, y gritaron de la alegría, y sin más salieron corriendo hacia el oso, suponiendo que no les haría daño...

Así fue, cogieron a su niñito abrasándolo locamente, y este estaba supercalentito con el cuerpo del oso.

Sin más, los dos se agarraron al oso y se dieron un fuerte abrazo; ya de despedida, el oso hizo un pequeño rugido y volvió la cabeza con un gran gesto de amor.

Desde ese día los papás subían a la cueva del oso y le dejaban al niño que jugara con él y así fue para siempre su gran oso y hacían sus pícnics allí. FIN

Enrique Nieto Rubio.
Derechos de autor.

sábado, 11 de mayo de 2024

**Cuando el tiempo se va.

 


Don José se llamaba este buen hombre; les narraré un poco de su vida. De más joven, era diseñador de joyas y platero.

Este señor vivía en la calle de las Flores número tres, junto a la mezquita de Córdoba; aunque se casó algo mayor y su esposa era diez años más joven que él, y tuvieron una niña, que se llama Rocío, fueron maravillosamente felices hasta que murió su esposa a los 60 años.

Este señor, en este trágico día, al levantarse por la mañana, se le vino a la mente su esposa de joven.

Él, como todos los días, sale de su casa a andar un rato, toma la ribera y, cuando llega hasta la antigua lonja, se vuelve por el otro acerado.

Hoy estaba algo rarito y un poco pálido, que su vecina, cuando lo vio salir, le dijo: "¿Está usted bien?". Él, mientras salía, movió la palma de la mano hacia los dos lados.

Llega a uno de los bancos en la ribera. Él tocó un candado que en el Día de los Enamorados con su esposa de joven pusieron allí en aquellos barrotes de hierro, y vio que su amor creció mucho, pues se encontró con un gran enjambre de candados más chicos, enganchados en el suyo, y sonrió, diciendo: "Aquí hay mucho amor junto".
Intentaba descansar un poco.

De pronto, notó como si su corazón dejara de latir; se fue quedando muy pálido y sin apenas oxígeno que respirar.
Ya tenía 97 años; así como pudo, llamó a su hija con el móvil diciéndole: Hija, que me muero. La hija asustada le preguntó: "¿Dónde estás?". Ella vivía en Villarrubia, a pocos kilómetros de Córdoba.
Él se fue arrugando, poco a poco, sobre su móvil, sin poder contestar a su hija.

Por allí constantemente pasan muchas personas andando, pues es casi peatonal esta avenida, pero nadie se fijaba en él y el que lo hacía, daba por supuesto que se quedaría durmiendo.
Al rato pasó una niña, de siete años, llamada María, con su mamá de la mano.
María quedó parada frente a él y le dijo a su mamá: "Mamá, ¿le pasa algo a este señor?". La madre trataba de seguir con su andar, pero la niña no se movía. "¿Qué le pasa algo, mami?", total, que la madre se acercó a él, le puso la mano sobre su hombro y le dijo: "¿Está usted bien?".
Él solo movió el cuello un poco, dejando al descubierto el móvil. Ella lo cogió, que aún estaba en llamada, se lo puso en el oído y dijo: "¿Quién es?".
Al otro lado del teléfono alguien contestó: "Soy yo, su hija, ¿cómo está mi padre?". Ufff, mal, he llamado a una ambulancia.
Esta mujer ya había llamado a emergencias, que en tres o cuatro minutos llegaron.
Le pusieron oxígeno, pues apenas respiraba, y en la camilla se lo llevaron.
La niña se estremeció, como si algo se metiera dentro de ella.
Así, su mamá le dijo a la hija de este señor dónde estaba y en quince minutos llegó al sitio, que aún había un corrillo de personas hablando de lo sucedido.

Ella bajó inmediatamente del coche y dijo: "¿Mi padre dónde está?", ella se volvió con el móvil y le contestó: Se lo han llevado al hospital. —Ay, Dios —dijo la hija.
Se dieron los teléfonos, pues la niña no paraba de preguntar por él.
A los dos días, la llamó la hija de don José y le dijo que estaba mucho mejor, pero que lo ingresó en una residencia para mayores, pues los médicos dijeron que no podía estar solo. Aquí en el brillante, y que estaba muy bien...
 Rocío, mi niña, que fue quien se dio cuenta, ella no para de llorar diciendo que quiere verlo. ¿Tú qué opinas?

Pues nada, que vaya a verlo, mujer, ¿no pasará nada?
Muchas gracias. Esta tarde iremos a verlo; si no va a caer mala.
—Vale —dijo la hija de don José...
Cuando entraron a la residencia, don José ya sabía que la niña iría a verlo, y con su silla de ruedas estaba esperándola en la entrada. Él levantó los brazos diciéndole: "Ven", y se abrazaron fuertemente, y ya la niña lo hizo su abuelo...
Así pasaron dos años más y un día le notificaron a su hija que había muerto su padre, y esta a Mariluz, la madre de la niña.

Fueron un rato al tanatorio, las dos, y Nati, la hija de don José, le dio una cajita muy bien envuelta en papel de regalo, para la niña, de parte del abuelo, que así lo llamaban ellas.
La niña, después de llorar un montón, se marchó con una paz tremenda, que se repuso de todos sus temores o qué sé yo.
Creo que el espíritu de don José se ha metido dentro de esta preciosa niña para protegerla toda la vida, y así ha sido.
Cuando Anita y su hija llegaron a su casa, abrió el regalo de don José y vieron que era un colgante de oro con su cadena, y todo, en forma de corazón.
Este corazón se abría; era como un libro y grabado en unas páginas de oro que se pasaban una a una.
Y tenía un precioso mensaje que decía:

Tú eres la luz de este mundo, y yo, para protegerte, viviré en ti siempre, pues ya estaba escrito que tú serías mi alma gemela.
Jamás se separó de este amuleto.
Enrique Nieto Rubio.
Derechos de autor.

viernes, 10 de mayo de 2024

**La golondrina y la gorriona.

La golondrina Pintura de pájaro acuarela cardenal rojo 1 Impresión de descarga digital imagen 1y el gorrión de Enricostro
Ya a finales de mayo se ven las golondrinas por Córdoba.
Un grupo se mueve por la ribera; estas siempre vuelven al mismo sitio para criar sus pollos.
Pero han tirado una casa donde algunas solían criar, y se sienten desorientadas.
No paraban de dar bandazos por la linde de las casas una y otra vez sin saber qué hacer.

Pegado al río hay muchos árboles lindando con el agua y la muralla, una gorriona cantando, a pecho partido y sin atender nada de su entorno.

La golondrina pasaba, una y otra vez, cerca de ella y les decía. —¡Oye, gorriona, podemos hablar! —y ella, como si nada, seguía cantando.

Ya la golondrina cansada embistió sobre ella y le dijo: "¡Podemos hablar, llevo media hora llamándote!"

¿Y qué quieres? ¿No ves que estoy cantando y si me distraigo ya pierdo el hilo?Tree Swallow acuarela pájaro pintura 1 Descarga digital Impresión imagen 1

Jocc: Dijo la golondrina: "¡Vaya, pierde el hilo, la cantante, prui, prui, prui, eso es cantar, joccc!"

Pues sí, eso es mi cante, ¿y qué quieres?, dijo: ¿la gorriona?

¡Pues verás, yo tenía mi nido en la casa que había aquí, y ahora me encuentro perdida, sin saber qué hacer!

¡Pues mira, ese árbol que es el más grande, ahí está mi nido, pero este año mi marido se ha marchado a no sé dónde y no criaré; si te quieres quedar con él, pues hazlo!

¡AH, muchas gracias, ahora mismo me iré a él!

Así, la golondrina se dirigió al nido, y cuando se posó en él, ¡plun!, un palo atravesado había en él, y otra sorpresa que había, ya una gorriona incubando sus huevos que allí estaba.

—¿Eh, pero qué haces? —dijo la gorriona.

¡Ay, perdona, es que la dueña de este nido me mandó a él para criar a mis pollos!

Ah, pues ya estoy yo, ¿qué hacemos?

Dijo: "La golondrina, ¡por qué no criamos los pollos entre las dos!"
¿Y no será mucho lío?...
¡No se lo intentamos!
Bueno, a ver...

Así se acoplaron las dos, y entre las dos empollaron los huevos...
Sobre los 14 días, empezaron a salir los pollitos y eso era un escándalo, para darles de comer a unos y otros.
Así dijo la golondrina: "¡Es un lío, lo mejor es, si te parece, le damos de comer por igual a unos y otros; entre las dos podremos, ¡vale!".
¿Sí, claro, así lo haremos?

Y así, aunque fue difícil adaptarse, lo hicieron.
cosa que los humanos no somos capaces de hacer...

Ya grandecitos, a finales de julio, decidieron emigrar, porque ya estaban grandecitas.
Los pichones de los gorriones se pasaban el tiempo saltando de rama en rama, y las golondrinas pequeñas se agarraban al nido clavando sus uñas, abrían las alas y ensayaban vuelo sin soltarse.

Ya, en estos últimos días, las mamás se abrazaban con el pico despidiéndose y además muy contentas de esta vivencia que nunca se dio en ellas, prometiéndose que el año que viene repetirían sus hogares juntas...
Y lo que es mejor, las crías estaban dispuestas a hacer lo mismo... FIN.
Enrique Nieto Rubio.
Derechos de autor.

jueves, 18 de abril de 2024

**En el reino del Castillo mágico.

 

 En el reino de este castillo mágico,

Nuestra querida hadita dialogaba, con el mago batuchi y ella le decía: ¡amigo mago que pasa en esta casita, que todo el mundo está durmiendo!"

El mago le contestó: "Nooo, es que muchos a se hicieron mayores, y ni ganas de comentar, ni escribir". Pues el tiempo core en su contra y los dolores ya les pueden a muchos.

A otros las ideas ya se les fundieron, y no les sale nada, porque están desmotivados por ellos mismos.

¡Y algunos que sí siguen en la brecha, pero que solo están para ellos, casi todo el tiempo!

—Haaa —dijo la hadita—. ¿No les gustan los cuentos? ¿Por qué? —¡Porque son mayores!

¡Bueno, mi linda hadita, quizás les aburren porque no los entienden, o por las preocupaciones del mundo, que hoy está loco!

Y, señor mago, ¿por qué no los traemos a este castillo mágico? Seguro que sí, todos estuvieran aquí charlarían de todo de la vida y saldrían muchas cosas?

¡Bueno, sí, pero los mayores se vuelven cascarrabias y terminarían peleando por estas guerras malditas, gobernadas por asesinos de niños y destructores de familias enteras!

¡Ya eso sí, pero si se prohibiera hablar de estas cosas, lo mismo se enternecen, pues lo más hermoso es que los niños de todo el mundo nos entendieran en el amor y la magia de lo bello y la fantasía!

Seguro, eso sería lo ideal, porque fíjate tú, aquí donde nosotros vivimos, solo hay magia y felicidad.

Aclaro, pero esto es otro mundo; aquí reina el amor y el cariño, por todo y por todos, ya que en este mundo mágico jamás hubo guerras ni nada de violencia. 

Bueno, aunque aquí los trols y los hérfos siempre la están liando. ¡Ya claro, pero hay muchos más animalitos, como los conejos que viven con las ardillas y siempre están de acuerdo todos, ja, ja, ja! ¡Pues sí!

Mira, un día paseaba por ese camino de ahí y me salió un lobo. Este me dijo que conocía a Caperucita Roja y que les gastó unas bromitas a ella y a su abuelita, pero que solo quedó en eso. ¡Así!, ¡sí! Otro día tomaba el sol y me encontré con la mamá de los siete cabritillos y me dijo: "Pues sí, a mí este lobo también me gastó una broma, ¡que quería comerse a mis hijos!". ¡Unnn, sí que es bromista este lobo!

Haaa, y otro día tropecé con los tres cerditos y su mamá, que lo mismo una broma y les tiraba sus casas soplando. ¡Oooo, qué bromista!, ¡sí!

Aun y con todo eso, este mundo es maravilloso, pues se pasa muy bien, jugando todos los niños que, sin saber por qué, los hay de todos los reinos y todos se entienden hablando...

O si, ¡huy, señor mago, se ha hecho muy tarde y se nos enfriará la cena, nos vamos ya para el castillo! ¡Sí, vámonos, ya que empieza a hacer frío aquí!

Fin 

Enrique Nieto Rubio.

Derechos reservados.

 

 

miércoles, 17 de abril de 2024

**La señora Eustacia. (cuento)

 

La señora Eustacia, presumida como no hay dos.
Alicataba a su perrito. Y entregaba todo su amor.
Lo sacaba todos los días y era el más bonito de la ciudad.
Todo el mundo lo miraba en su presumido caminar.

Mira, mira cómo va; si es para comérselo, yo lo quisiera adoptar.

El perro, muy presumido, a todo el mundo miraba.
¿Qué hacía hasta esos gestos, digno para abrazar?
Se lo llevaba a todos sitios, y todos le echaban fotos.

De un tirón se le escapó, cruzando por El Corte Inglés, y por más que ella corrió, no lo pudo detener.

Este salto por un balcón en una planta baja que había, más el humo se disparó mientras los bomberos venían.
Con un bebé que salía dentro de aquel portal mientras el fuego subía, al niño lo logró salvar.
Los bomberos que llegaron, el agua se disparó apagando el incendio en esa misma habitación.
Allí todos rodearon al perrito que con un bebé salió; él lo soltó en el suelo y los médicos lo examinaron y no tenía ni un rozón. Por suerte para el crío, el perro se chamuscó y sus preciosos pelos todos se le engurruñaron.

Pero todos aplaudieron por el perrito bravucón al que los bomberos le pusieron una estrella como el bombero mejor.
Que ha salvado a un niño y evitado lo peor.

Pocas semanas más tarde, al cuerpo de bomberos, su amita lo llevó, y le condecoraron con la medalla al valor y se la pusieron en su cuello, y siempre él la llevó, altanero y orgulloso; a todos les daba amor.

Enrique Nieto Rubio.

Derechos de autor.

viernes, 5 de abril de 2024

**El granjero. (Cuento)

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En un gran valle, donde había cinco granjas dispersas, los granjeros vivían en armonía unos y otros, pero había uno pegado a un arroyo precioso; era quien más tenía posibilidad de prosperar, pero era muy pobre y algo mayor.
Tenía gallinas, cerdos y una vaca, además de unos preciosos conejos, muy juguetones, y esos pavos con ese gran moco colgando.

 Por lo cual, su esposa sacaba la leche para el desayuno de la vaca.
Pero como eran tan pobres, apenas si tenían para pienso, pues los cerditos comían demasiado... y estaban tremendos, casi como caballos de grandes.

Más de 10.000 imágenes gratis de Animales De Granja y Granja - Pixabay


Un día, la vaca, que era listísima, se dio cuenta del problema y decidió que por las mañanas, después de ser ordeñada, se escaparía. Ella se alejaba disimulando lentamente y se pegaba entre las vacas de su vecino; como eran casi iguales, el dueño no se daba ni cuenta.
Se pegaba al pienso, y se ponía a comer y mucho.
Las otras vacas la miraban y les decían: "Muuuu, no te comas nuestra comidaaaaaa".
Pero ella les daba un buen coletazo y las apartaba.
Bueno, esto era a diario, pero para no alertar a los dueños, se iba de granja en granja y a todas les hacía lo mismo.
Lo que ella, tan lista como era, no sabía nada de los toros, pues pensaba que todas eran vacas.

Un rebaño de vacas pasta en la hierba de las colinas en el centro de California, alrededor de la década de 1970. (Foto de Tom Kelley/Getty Images)
Uno de ellos, en la última granja, se fue pegando a ella, despacito y disimulando, y cuando la tenía a un palmo de nariz, se subió de un salto y le coló su aparato reproductor hasta las trancas. Ella, cuando quiso darse cuenta, ya era tarde y salió corriendo.
Uff, dijo ella, qué susto me dio esa vaca, me ha colado el traste hasta el fondo; menos mal que he salido corriendo, que si no... ufff.


Lo cierto es que este granjero tendría un ternero a los 6 meses.
Ya no era tan lista. Bueno,
Ya creció la familia, así que esta vaca iría a todos sitios, menos a la última granja, ja, ja, ja.
A pesar de todo, el granjero se alegró mucho, aunque no se explicaba el cómo pasó eso, jajajá.
Así que, como la vaca seguía haciéndolo su ternero, la acompañaba aprendiendo el oficio de mangar comida.
Ella ya les sopló a los conejos y a las gallinas el modo operandi, para comer todo lo que quieran, y así lo hacían.
Este granjero resultó ser un listillo, pues llegó a sacar una fortuna con los cerdos, que eran los más grandes de todo el condado, y los demás animales, que todos engordaron sin tener que gastar un céntimo en trigo o cebada...
Así duró mucho tiempo, pero los demás granjeros se dieron cuenta, pues gastaban mucho y sus animales estaban esmallados; terminaron vallando sus granjas y haciendo corrales todos.
Enrique Nieto Rubio.
Derechos de autor.

 

viernes, 2 de febrero de 2024

**El escarabajo pelotero. (cuento)

 El escarabajo pelotero de Enricostro (cuento)

Una mañana de agosto, un precioso escarabajo pelotero

Paseaba por el campo pegando trompazos a todo cuanto enfrente de él encontraba.

Así un buen rato, pues buscaba una hembra hermosa que por allí rondaba.

Al volver un tronco seco bien grande, un gran vendaval allí ocurrió.

Parecía como un huracán, pero sin serlo, claro.

El viento se lo llevó volando, y medio kilómetro más adelante, de un trompazo se pegó contra una gran montaña de excrementos de vaca que el granjero allí posó.

Hundiéndose hasta el fondo de aquel monto, ¿uy, qué me quemo, coño?, dijo dentro del monto.

¿Salió pitando hacia arriba, y dijo: "Joder, qué mierdón, que me vuelvo loco, ¿me la quiero llevar toda?"?

Pero al alzar una de sus patitas viendo aquella exageración de mierda, pues más alta que un camión, cayó de espaldas y, arrastrando aquel montón, fue dando vueltas y vueltas haciendo un buen pelotón.

Medio metro que tenía aquel albondigón, y sigue dándole vueltas hasta llegar a donde empezó.

Allí que lo vio ella, que hasta parecía un rey, en lo alto de aquella mierda, sonriente como es él. 

Ella se volvió loca, saltando un montón, y él la miraba, pues ella sería su amor.

Un agujero hizo en la bola, y allí a ella la invitó, metiéndole aquella cola, y entera que la preñó.

Ufff, decía ella, que toda se la clavó, y pronto pondría sus larvas en aquel gran mierdón.

Y de allí comería la familia, dándose un gran festón.

Enrique Nieto Rubio.

Derechos de autor.