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miércoles, 26 de octubre de 2022

.*.El Montañés de Enricostro. ( cuentos).

 El Montañés de Enricostro. (cuentos).

En los Alpes, unos montañeros, decidieron por una gran firma.

Cartografiar todo, todo el valle y la montaña.

Salieron de madrugada. Era una montañera y dos montañeses más.

Cuando se adentraron, en aquella inmensa montaña.  Una gran borrasca, se veía venir.

Pero ya estaban demasiados avanzados, para retroceder, así que subieron un poco más, entre una gran niebla, que apenas si se veía nada.

El montañés guía divisó un poco más arriba una entrada a una cueva, Así que se decidieron a entrar, era muy honda, y oscura. Así que encendieron las linternas y buscaron un sitio, para acampar allí. 

Y pasaron la tarde, el viento soplaba como si estuviera endemoniado y el agua entraba varios metros hacia dentro. Así que buscaron algo más hondo.

Encontraron, algunas maderas, para quemar.

Pero cuando fueron a encenderla, vieron un gran oso durmiendo más al fondo.

Así que ni podían salir, ni podían despertar a aquel oso tan inmenso.

Procuraron no hacer ruido. Pero estaban aterrados, no sabían qué hacer.

Decidieron arriesgarse, en otra entrada, que se bifurcan, al margen derecho y entraron por allí.

Aquello era muy hondo, parecía no tener fin, uno de ellos tropezó y con una piedra de filo. Se destrozó la rodilla.

En este grito, de dolor, despertó al oso, que dio un gran gruñido, ellos se echaron a temblar.

Con un cansancio y con este hombre herido, que nada menos era el guía.

La chica y el otro chico, decidieron liarles unas vendas y unas curas, pues ella era licenciada en medicina.

Y le hizo un buen apaño. Pero tenían que transportarlo entre ellos dos. Y así lo hicieron.

El gran oso decidió echar a andar, de tras de ellos, pero iba de tranquilo, parecía como si fuera curiosidad.

Ellos aligeraron el paso, pues en tanta oscuridad, solo se escuchaba, el aliento de aquel gran oso.

Anduvieron toda la noche, arrastrando al compañero, estaban ya extenuados. No podían más.

Más adentro había otra bifurcación y sin pensarlo la tomaron, ya el oso apenas si se oía.

Entonces ellos decidieron, descansar.

Se acurrucaron como pudieron, pues hacía un frío de muerte.

No se sabe, las horas, que estuvieron durmiendo, pero, fueron bastantes. Pues cuando despertaron, se encontraban muy bien.

Aunque el herido tenía fiebre, y llevaban un buen botiquín. Le dieron varios antibióticos, en pastillas, para calmar su dolor.

Siguieron caminando, sin saber por dónde ir,

cuando toparon con el final de la cueva. Este hombre lloraba de dolor, por la pierna, y de pronto el oso detrás.

Ya estaban perdidos, a solo cinco metros lo tenían y no tenían armas siquiera.

Quedaron todos quietos, a que este oso los devorara a bocados y a manotazos, con sus zarpas.

De pronto, este oso, viéndolos aterrados, no encontró ningún peligro en ellos.

Pues se tumbó delante de ellos y como revolcándose en el suelo, para un lado y para el otro.

Como si no les importaran ellos.

Después este oso, se acercó, despacio al herido y oliendo su herida, lamió la pierna sin más.

Ellos con las linternas, encendida, no salían de su asombro, con este oso.

Este dio un gruñido y se volvió,

como diciendo, seguirme hasta la salida.

Pocos metros adelante, en el otro pasillo, vieron una luz, y avanzando hacia aquella luz.

  El oso desapareció por otro sitio.

Por fin la salida estaba allí, era una salida de un desfiladero cuesta abajo. Y a unos dos o tres kilómetros, se divisaba un hotel o algo así, pues la tormenta había aflojado.

Sacaron un móvil y desde allí llamarón a urgencias, que pocos minutos después, apareció un helicóptero y lo socorrieron.

Ellos bajaron andando, al hotel.

Se sentaron en una de aquellas mesas, a comer algo.

 Estuvieron comentando, lo del oso aquel, mientras el camarero les decía, que por allí no había ningún oso,

mientras, se quedó con la boca vierta, el Montañés.

Enrique Nieto Rubio.

Derechos de autor.

D.R.P.DOYM.V.OO.

martes, 10 de marzo de 2020

.*.Los niños abandonados de Enricostro (cuentos)

Resultado de imagen de postales de cabañas bonitas



sobre el año 1300. en tiempos de horror, por la miseria de las ciudades en Andalucía, cerca de córdoba por entonces. Cuando la miseria se masticaba en sus mayorías de las personas.
Una triste familia de siete personas contando con un matrimonio de miseria. Estos decidieron adentrarse en un bosque cercano a la ciudad. Con sus cinco hijos andáron varios kilómetros hasta que la ciudad se perdía entre el follaje del bosque, en un pequeño claro en su hondura.

Ellos decidieron proponerles a los hijos jugar a esconder, diciéndoles que si los encontraban esa mañana, comerían caliente cosa que jamás pasó en ellos.

Así que así fue como los abandonaron a los cinco.

La mayor tenía 9 añitos, el hijo que le seguía en edad era de 8 años, otro 6 el siguiente 5, y el más pequeñito 2 años, que apenas si se tenía en pie.

Ellos, los padres, solo querían vivir su vida, y hacer el amor a cada instante y claro les estorbaban los hijos.

Así que huyeron como lo que eran unos miserables.

Ya los niños eran las siete de la tarde, y empezaba a refrescar, estaban destrozados y muertos de hambre.

Decidieron echar a andar, pero como no sabían por donde, se adentraron mucho más en el bosque aquel.

Iban descalzos, con sus pies heridos, por los pinchos del bosque. Este bosque los maltrató, todo lo que pudo y más.

Ya casi de noche, por fin, a lo lejos divisaron una cabaña.

La mayor se fue compartiendo a la más chica con su hermano, ya no podían más.

Arrastrándose como pudieron, consiguieron entrar en la cabaña.

Ya los cinco dentro buscaron comida, lo cual había y en abundancia, hasta leche tenía en una jarra quien fuera.

Esta cabaña, tenía un rico pan dentro de un horno calentito.

Se sentaron todos en una gran mesa y se hartaron de comer y beber leche y unos preparados de carne que había en una olla calentita, se lo comieron todo y la chiquitina se tomó dos grandes vasos de leche.

No les importó en ese momento los dolores que tenían en sus malogrados cuerpos.

Así que decidieron en una gran cama que tenía, descansar un ratito y después marcharse, ya que lo que estaban haciendo sabían que no estaba bien, pero no tenían otra.

Pero como estaban tan mal y cansados, se quedaron dormidos todos .

A las dos horas más o menos, llegó el dueño de la casa. Encendió la lamparilla de carburo, y la colgó encima de su mesa.

Cuando se encontró toda la mesa llena de todo lo que habían comido,
bueno se enojó un montón blasfemando, creyendo que eran otros cazadores.

Pero entró en el dormitorio con otra lamparilla, y en la cama vio piernas y brazos por todos lados, y en el medio la bebé sentada con dos ojos como linternas de grandes, comió tanto que no podía dormir.

Así que la cogió y se la sacó en brazos.

Este hombre era muy grande y robusto, con grandes barbas que daba un poco de miedo.

Se sentó en la mesa y puso a la niña encima de ella,
la examinó y la chiquilla estaba escocida de su culito y muy sucia, así que le quitó la poca ropa roída que tenía, y en su horno tiene para calentar agua, y así lo hizo.

calentó un cubo grande y la metió dentro sentándola, para disponer a comérsela, que es broma hombre.

bueno la cría lloraba, pues les dolían sus heridas.

Ya lavada la cogió y la secó muy bien y tumbó una gran piel de oso en la mesa y allí la tumbó a la cría. él era un hombre muy inteligente, pues en sus tiempos fue un científico rarrito, que intentaba pasar desapercibido de la sociedad, Tenía unas grandes vitrinas con muchos botes llenos de potingues, bueno, él sabrá que son claro.

Tomó un bote y lo abrió con su mano, sacó de él una especie de aceites que emvarduñó todas las heridas de la bebé.

La envolvió en un trapo limpio y la peque se agarró a sus barbas balbuceando palabras.

Él se echó a reír, pues vivió muchos años solo.

Así él, con la bebé en brazos, picoteó algo de pan con un riquísimo queso hecho por él, y se sentó en un gran butacón que tenía en un rincón. Él lo usaba mucho para relajarse de un largo día.

Así hasta que se quedó durmiendo, con la bebé en brazos.

Ya de madrugada, sobre las siete, la mayor despertó a todos diciéndoles:,

¿benga que nos vamos.?, así que todos salían despacito, huyendo, pero la puerta estaba cerrada, y no podían abrir, además de su hermanita pequeña, no podían dejarla allí, pero tampoco podía quitársela a aquel gigante que dormía con ella.

El hombre aquel abrió un ojo y dijo:¿volver todos a la cama?

ellos corrieron para adentro asustados, y en la cama se acurrucaron.

sobre las nueve la mayor se levantó y sin hacer ruido limpió todo cuánto había en aquella mesa.

ya el gigante despertó y le dijo a la chica:

¿llama a todos.?

Así que los llamó y todos uno al lado del otro de mayor a menor. Dijo:

¿bueno quién me va a explicar qué es esto.?


La mayor, sin darle vueltas a la historia, le dijo: ¡nuestros padres nos han abandonado en el bosque.!

Él, los miraba a todos, sucios y heridos por todos sitios,

ella creía que este gigante se los comería.

El hombre dijo:¿a ver, quitaros toda la ropa? Bueno, la cabaña era muy calentita, y se estaba muy bien.

así que todos se quitaron los trapajos aquellos, pero la mayor se asustó de aquello, pero no se atrevía a decir nada por sus hermanos.

y él le dijo venga y tú también.

Así que ella solo tenía un vestido roído y sucio.

Tenía su cuerpo deplorable.

Él, tenía, una gran bañera de hierro muy antigua, que la llenó de agua calentita,
le dijo a la mayor:

Coge todas esas ropas, él abrió el horno y le dijo: a la chica, ¿échalas dentro.? Y lo quemó todo.

Cómo eran muy delgados, él dijo: ¿todos a la bañera benga.?

Se metieron y él le echó al agua, algo de un bote, así que a la mayor la frotó él por todos lados,
y cuando estaba limpia, le preguntó: ¿cómo te llamas?, ella



respondió: ¡Laura.! ¿Yo soy Juan.?
mira como yo te he lavado, quiero que lo hagas con todos tus hermanos, ya que eres la mayor vale.

Él le puso una camisa suya a la mayor.

Ella aceptó sin decir nada, pues en su vida se había visto en otra.

Media mañana allí jugando en el agua todos. Disfrutaron de lo lindo.

Ya cuando terminaron, Juan los llamo a todos:¿si os queréis quedar aquí, tendréis que llevar unas normas? ¿Primera os tenéis que secar muy bien cuando os lavéis y peinaros.?

¿bueno, ya os diré poco a poco lo que tenéis que hacer, estáis todos de acuerdo.? ¡Sí , sí ,sí.!
todos lo aprobaron.
Cuando llamó a Laura:¿tú la primera ven aquí, la tumbó en aquella gran mesa, y sacó el bote mágico, de curar, y en todas sus partes la fue untando de este frasco con un trapito, escociá un poco, pero no era nada así que le dijo:

¿ves como te lo he hecho, pues así tienes que hacérselo a todos tus hermanos, menos a la peque, que ya la he mirado yo, esta mañana, y está curada del todo? Vale. ella se le abrazó tiernamente y él se estremeció.

¿Bueno, haremos una cosa escuchar todos, yo voy a cazar ahora y después tendré que ir a la ciudad?

¿Cómo estáis en pelota picada, ja, ja, ja, no podréis salir, a la calle, así que os quedaréis dentro vale.?

Todos estaban de acuerdo.

Juan era un buen rastreador y sabía todo de ese inmenso bosque,

así que siguió la pista por donde vinieron los niños con su perro bluquin.

un gran mastín inteligentísimo.

Y por una vereda estrecha había unas huellas de huida, esta era de los padres.

Él, tomó precauciones, pues era el sendero de las víboras. Y se temió lo peor.

Un poco más allá encontró a los padres de los chicos muertos quedaron abrasados.

Pues un enjambre que allí vivían lo pisaron y les atacaron todas y fue muy rápido.

Juan regresó a por su vehículo y se marchó a la ciudad.

Los niños todos estaban jugando en la cama, que era donde mejor se estaba.

Cuando él llegó a la ciudad se dirigió a una tienda de ropa de una gran amiga de él,
además de comprar siempre allí, aunque tiempos atrás tuvieron sus rocecillos amorosos, pero que nunca fueron a más.

Cuando Carmen la tendera lo vio entrar:
¿hombre Juan que es de tu vida.? Él le contestó:¿hasta ayer bien, hoy no sé, mira Carmen tengo cinco?

niños en casa, tres mujercitas y dos niños y los tengo que vestir.:?

Carmen le dijo:¿no querías casarte conmigo, por no tener familia y ahora tienes cinco hijos, ja, ja, ja, ja, ja, ja? Ella no podía parar de reír, ¿eso lo tengo que ver con mis propios ojos, ja, ja, ja, llévame a verlos a tu casa, para tomar medidas jajajajja.?

Así Juan, muy serio, la miraba con ojos enojados. Ella se tiró para sus barbas con las dos manos y le dio un gran beso en la boca mientras tiraba de él. él, se quedó pasmado.

Cuando iban para la casa, antes se llegó al cuartelillo de la policía y comunicó que en tal sitio hay dos personas muertas, en el camino de las víboras. La policía le dijo: ¡quienes son, los conoces!, él, le dijo: no, los conozco, cazaba por allí y los vi, esta mañana. Nada más y se marcharon.

pues Juan llevaba todas las licencias al día y era muy conocido por ellos.

Carmen se llevó algunas ropas a cálculo. Según él le describía sus cuerpecitos.

Cuando Carmen vio a los niños, todos limpios dijo: ¿si son preciosos? Así agarró a los cinco y los estrujó muy fuerte, Carmen era de estas tetonas y casi los asfixia.
Le dio las ropas y a la mayor le vinieron bien, los pantaloncitos y al segundo en edad.

Más tarde les traería a los demás sus ropitas, ellos se pusieron la mar de contentos.

Carmen le dijo a Juan:

¿quieres que los criemos entre los dos.?

Juan le dijo: que sí, y se abrazaron.

Pocos años después, se casaron y fueron muy felices, y mientras tanto los niños vivieron su mejor infancia, pues tenían todo un bosque para jugar, aunque nunca dejaron los alrededores, de aquella hermosa cabaña.

aprendieron a cazar y a pescar, nuestra querida Laura, Carmen la instruyó y la metió en la tienda de dependienta, a los 14 años, Carmen desde que se acopló en aquella familia, todos los días debajo de esos hermosos árboles, formó una escuela para todos así se turnaban ellos dos, para tampoco dejar la tienda, abandonada, Juan montó unos bancos y además tomó otros niños cercanos, pues él al tener estudios elevados también ejercía de profesor. Y todo fue de rosas. La peque seguía agarrándose a las barbas de aquel hombretón, que con el tiempo terminaron todos llamándoles papá y mamá. fin.

Enrique Nieto Rubio.
derechos de autor.

jueves, 19 de diciembre de 2019

..*Cuentos de una guerra de Enricostro.

En unos tiempos donde la guerra era sanguinaria, las bombas llovían a mares en las ciudades .

matando miles de niños, tanto en sus casas, como en los colegios, aquello era el horror más grande nunca vivido.
Dios lloró tanto desde los cielos, que sus lágrimas cayeron en la tierra entera, pues fue muy doloroso para él.



Y a su llanto la tierra entera se oscureció. Todo se convirtió en gris, las plantas, los árboles, las flores, todo era gris.
El mundo entero cayó en una depresión tremenda. La belleza del mundo se nubló, convirtiéndose todo en este color.


Ya nadie era feliz, los vecinos se pegaban
los hermanos se mataban, los pueblos se odiaban, todos eran malos.
Nadie se querían.
Una madre tenía un hijo, porque lo tenía que tener, el amor se apagó, el sexo no tenía sentido, nadie era feliz.
Todo daba lo mismo.
La sangre en las calles brotaba y no pasaba nada.
Así acabó la guerra y todo seguía igual,
todos se pegaban, los papás se mataban y nadie lloraba, comían porque tenían que comer, pero les daba lo mismo.


Así pasaron los años y años, ya nadie lloraba la pérdida de un ser querido, pues nadie se quería.
Los niños quedaban abandonados en los hospitales, y en los parques, sin que nadie les ayudaran,
y muchos hasta morían de hambre.

Un día empezó a llover y llover, pero
cuando escampaba todos salían a ver el arco iris, que era lo único que tenía su color,
en todo el mundo.
Cosa extraña, las personas que lo miraban sonreían, esto se daba en todo el mundo.
Ya las enfermedades por los cadáveres que nadie enterraban, eran muchas. Los gobiernos no hacían nada,
pues todo parecía normal, así el mundo entero se moría.
Un día Antonio, un niño de ocho años, estaba en la cima de una montaña
desnutrido y con sus ojitos que apenas si veía,

a causa de las infecciones de todo lo malo que había ya en la tierra.
Este portaba un tirachinas y una mañana fría y triste, estaba sentado en esta cima, ya casi moribundo, y desnudo.
Entonces empezó a llover intensamente, que hasta las gotas dañaba su piel.
Todas las personas salieron a ver la lluvia, muchos morían, pues el agua que les caía estaba a bajo cero grados,
con el frío, así de pronto, escampó y salió otra vez el arco iris.


El niño Antonio se dio cuenta de que todos sonreían y en su último aliento cogió una china, la puso en su paleta y la lanzó,
con toda la fuerza que le quedaba, contra el arco iris, dándole al color naranja. Este explosionó provocando un gran estruendo,
y reventando todo el arco iris. Entonces empezó a llover intensamente, lluvia de colores, en toda la tierra llovía estas gotas.
La tierra entera se llenó de chispas de colores, todos alucinaban.
Las personas empiezan a cambiar, ya se saludaban, se abrazaban y se besaban todos.
La tierra entera se iluminó.
Las personas ya hacían cosas, con mucha pasión, recogían a los muertos,

limpiaban, hacían de todo, en las ciudades. Como si todo hubiera sido un sueño o una pesadilla.
Cuando la tierra embebió el agua de colores, las plantas volvieron a tener sus bellos colores. Sus flores hermosas y los árboles sus frutas.

Entonces todo se iluminó saliendo un sol radiante.
¿Pero qué paso con Antonio.?

El pobre Antonio no pudo celebrar nada, su cuerpo quedó tendido en aquel monte desnudo completamente, pero su cuerpo se había convertido en una estatua, de colores hermosos.
Y su rostro quedó mirando hacia el cielo, sonriendo, y con su tirachinas en la mano derecha.
Así lo recogieron y entre muchas personas, lo pusieron en la plaza mayor, en el centro de la ciudad.
Pues todos creían que él era el salvador del mundo y así fue.
Lo extraño fue, que esta estatua se apareció, a la vez, en todas las ciudades y pueblos de todo el mundo.
Ya las personas se querían y se ayudaban y se respetaban todos, y ya jamás hubo una guerra.

ENRIQUE NIETO RUBIO.
DERECHOS RESERVADOS.
YV.YO.DOYJ.YJV.

martes, 18 de junio de 2019

.*.Silvia La abuelita en su cabaña de Enricostro. Cuentos.


Érase una vez, una linda abuelita que vivía, junto a sus nietos, en una hermosa cabaña en el bosque.
Durante el día se divertían muchísimo, con quien siempre encontraban actividades emocionantes para hacer...
Así vivían día tras día, sin mayores penas; más que disfrutar de la vida, y de todo el bello entorno en el que se encontraban.
Por las mañanas, la abuelita la instruía en diversas materias... y por las tardes bordaban, cocinaban, recolectaban flores del campo.

Tres veces a la semana salían de madrugada, pues se iban a pescar en un pequeño velero; muchas veces luchaban con las ballenas; que no les dejaban pescar, pues eran insaciables comiendo peces.
Pero la abuelita linda, cogía el remo y les golpeaba en sus cocorotas, y entonces las ballenas se metían en el fondo del mar y no molestaban más.
Cuando pescaban lo suficiente para el día; regresaban adentrándose otra vez, por aquel precioso río, que casi rozaba la cabaña.
La abuela tenía un enorme corazón y se preocupaba de pescar lo suficiente, para así alimentar a un oso negro, que siempre rondaba la cabaña. Ella le daba de comer algunos pescados, y el oso se marchaba de lo más de contento.

El animal, no solía alejarse mucho de la cabaña; pues la abuelita y los niños eran casi su familia; ya que la mujer lo había criado desde que era un pequeño osezno; pues unos cazadores muy malos mataron a sus padres.
Un día oscuro, sin luna a las tres de la madrugada, sintió que merodeaban alrededor de la cabaña; por lo que la abuelita muy asustada agarró un hacha que tenía colgada en la pared... por si acaso. (La que le servía para cortar leña)
A ella le parecían raros los ruidos provenientes del exterior, ya que el oso gustaba de hacer hoyos y cavar... pero jamás a esas horas.
De pronto comenzaron a aporrear la puerta; a ella el corazón casi se le salía, al punto que no podía pensar. Todo estaba pasando muy rápido. Como los merodeadores vieron lumbre en la chimenea, no pararon de golpear la puerta.

La voz de un hombre se escuchaba: ¡Abrir por favor!
¡Que mi compañero ha pisado una trampa de oso y se puede morir!
La abuela en ningún momento se detuvo a pensar que fuera mentira, y abrió la puerta...
Los intrusos, tan pronto, vieron a la abuela, desprotegida, en el instante la comenzaron a golpear por todos lados. 
El paso de los años, aún no habían deteriorado su grácil figura; así pues, ellos quisieron todo de ella.
La abuelita, en ese momento, no podía dejar de pensar en los niños, quién era su mayor tesoro. 
Temía por el bienestar de sus nietecitos, o lo que pudieran hacer con ellos.
Por temor a despertarlos, apenas alcanzó a dar un chillido en ese momento... así pues, no puso resistencia, pues eran los hombres muy grandes, y armados con escopetas.
 La desnudaron a tirones y ya iban a cobrar la presa; cuando una sombra apareció por la ventana.
Ella miraba al oso como pidiendo auxilio, y este entendió el mensaje irrumpiendo en la entrada; con sus garras de 20 centímetros se lio con los dos, y no paró hasta destrozarlos. El oso parecía un demonio en ese momento.
La abuelita quedó impactada y se desmayó cayendo al suelo.
El oso se acercó a ella, y escondiendo sus garras, la apartó del sitio atroz; cogiéndola por la cintura, la subió con sus grandes manos hasta su habitación.

Sus nietecitos no se dieron cuenta de todo lo sucedido. Ella se sintió, en ese momento, la mujer más protegida de todo el mundo.
Sentía el basto pelo del oso rozando su cuerpo desnudo, y escuchando al oso balbucear... quien moviendo la cabeza hacia los lados; se mostraba orgulloso, y parecía agradecerle tantos años de alimentarlo y cuidarlo con tanto amor.
Luego de liberarse de su dulce carga, el oso bajó las escaleras; y arrastró los dos cuerpos a la vez... lanzándolos río abajo; donde unos cocodrilos celebrarían un gran banquete.
¡Nadie, jamás, se atrevería a posar sus manos en aquella cabaña!

Y así, la hermosa abuelita y sus pequeños nietos, continuaron su vida de ensueño; divirtiéndose y bañándose en un lago, que se formaba a la orilla del río.
La cabaña y sus alrededores era un lugar muy seguro, donde si deseaban podían despojarse de su ropa; pasarla maravillosamente, sin pena alguna de ser atacadas... pues siempre estaban bajo la protección de su fiel guardián.
En esta oportunidad, no hay príncipe azul, aunque está en la mente del escritor. ¡Ja, ja, ja!

Enrique Nieto Rubio.
Derechos de Autor.
Colabora en imágenes,
Silvia Regina Cossio Cámara.

miércoles, 26 de abril de 2017

.*.El grillo y la cucaracha de Enricostro. (cuentos).

Un día aquí, en La Línea, un 9 de agosto, hacía un calor infernal, de pronto se levantó un vendaval tremendo, los árboles parecían desmontarse, sus hojas volaban fuertemente, el polvo se levantó y casi parecía de noche.

Cuando eran las cinco de la tarde, todo se veía nublado y el aire sucio se lo llevaba todo, así a la media hora todo se aplacó y como si nada.

El sol seguía machacando a todo cuanto había en la calle. Kilómetros más allá, una pobre cucaracha quedó embarrancada entre arena y piedras, sin apenas vegetación.
Allí solita y con un par de piernas rotas se veía morir. Poco más adelante pasó lo mismo con un cantarín grillo, que por su mala suerte se lo llevó el vendaval también.
El grillo desconcertado consiguió sacudirse la arena que envolvía todo su cuerpo.
¡Ufff!, parecía que era el fin del mundo.

Menos mal que cuando me llevaba el viento, conseguí meterme en un tapón de botella; que si no, no las cuento... pensaba para sus adentros el grillo.

Así comenzó a andar este grillo buscando un sitio donde resguardarse de la calor. 

Divisó a lo lejos una pequeña roca y algunas ramillas, así que hacía allá fue. Cuando llegó vio una cucaracha malherida.
La cucaracha le gritó:
¡Socorro!, ¿me puedes ayudar?, ¡estoy herida y no puedo caminar!

Era una dulce y preciosa cucaracha joven. Así el grillo que era todo un galán, le dijo:
¡No te preocupes!, te ayudaré ¿sí?
La tomó en brazos y se la llevó a un rincón que había en la roca... un agujero como un puño le vino, maravillosamente, a los dos.
Se presentaron y se contaron todo lo que les había pasado, pues los dos venían del mismo sitio; pero que no sabían donde estaban... suponían que en el fin del mundo.

El señor grillo cogió de su frac, unas tiras y con unos palitos vendo las patitas de esa linda cucaracha.

Cuando llegó la noche, la temperatura cayó bajo cero. El grillo se acurrucó con la cucaracha que entró en fiebre y temblaba mucho.

La abrasó y rascando con sus patitas traseras, consiguió enterrarse en la arena que estaba calentita... así pasaron la noche.

Al día siguiente el señor grillo, salió a ver que podía encontrar de comer. Poco más adelante vio un matorral de fresas salvajes, y los ojillos se le encharcaron de lágrimas.

Al ver el hermoso arbusto, cogió una de las frutas y volvió con la cucaracha que no se podía ni mover,

¡Hola, buenos días!, ¿cómo estás esta mañana?
¡¡Gracias a ti, amigo, estoy mucho mejor!!
¿Tienes hambre?
¡¡Oh sí mucha!!, estoy casi desmayada.
¿Pues mira lo que traigo!?
¡¡Fresas, oh qué ricas!!

Así muy contentos, ambos desayunaron y se quedaron muy a gusto. El señor grillo sacó su violín... pero antes le preguntó a la cucaracha:
¿Te gusta la música?
¡¡Sí mucho!!

El grillo comenzó a tocar su violín y le dio una serenata muy buena. A media tarde subió mucho más la temperatura; y quedaron en su agujero para dormir la siesta... así hasta la noche.
Cuando despertaron aún era de noche, por lo que el señor grillo continúo tocando unas baladas maravillosas, y ella muy atenta veía como ese grillo... era todo lo que anhelaba en este mundo, ¡no le importaba nada más!

Así se tiraron muchos días, hasta que ella ya estaba recuperada del todo.

Juntos se la pasaban fenomenal, pues jugaban y se revolcaban por las arenas aquellas... riendo y abrazándose, que de pronto llego el amor.

¡Sí!, era un amor de esos que, uno es para el otro y el otro para uno. Dos amores en uno, sin prejuicios ni temores.

Con el transcurrir del tiempo, tuvieron muchos cucagrillos... muy preciosos de verdad.

Todos heredaron el gusto de papá grillo con el violín, formaron una orquesta maravillosa, y por las noches bajo el manto del cielo estrellado...
Juntos entonaban hermosas melodías... que con sus lindas notas, atraían a los vecinos de todos los sitios aledaños, quienes les dieron la bienvenida a su nuevo hogar.
- Fin -
Enrique Nieto Rubio
Derechos de Autor.





viernes, 29 de abril de 2016

*Lilí...una linda gatita de Enricostro.



Lilí era la gatita más linda del mundo: todos los días su Amita Alexandra la peinaba, le hacía sus trencitas o Moñitos de colores, hasta dejarla preciosa.
Todos los días antes de salir, se dirigía al dormitorio y en el espejo del armario, acostumbraba a contemplarse... se sentía bella y feliz.

Luego salía corriendo por la ventana de aquel palacio, saltando de poste en poste, cruzaba sobre una valla sumamente peligrosa... más la gatita era intrépida y muy lista, y lograba llegar al bosque sin problema.

Ansiosa se dirigía al arroyo, y en las cornisas del puente y debajo de los arcos, esperaba a su príncipe... un hermoso gato afelpado que la tenía loca.
Sin embargo, el gato no sentía el mismo interés; así pues, unos días se presentaba y otros simplemente no aparecía... pues era un listillo y escurridizo galán.

Lilí se enfrentaba día a día, toda clase de peligros, para llegar hasta el lugar... pues aparte de la peligrosa valla, debía de cuidarse de unos gatos callejeros muy malos. Quienes tenían una gran cabeza y siempre estaban deseando abusar de la indefensa y delicada gatita.
Alexandra constantemente le llamaba la atención a Lilí; diciéndole; que no era prudente que se alejara de casa, y mucho menos en dirección al bosque... pues sabía que en el lugar vivían gatos vagabundos, y que la podrían dañar.

No obstante, Lilí todos los días sin excepción, después de que la acicalaba, salía presurosa al punto de reunión... por lo que a casa regresaba muy triste, cuando su amado no se presentaba o no le prestaba la misma atención.
Luego de transcurridas unas semanas, de intermitentes apariciones por parte de su príncipe, este no volvió más. Lilí, infeliz, pero aun con la esperanza de volver a verlo; deprimida y ensimismada en sus pensamientos, comenzó a caminar por el bosque, sin tomar la debida precaución.
Una, tarde, cuando se disponía regresar a casa, los gatos la interceptaron... y entre todos se la disputaban; más ella, armándose de coraje, se defendió tal cual lo haría una tigresa.

La suerte estaba de su lado, pues los felinos comenzaron a pelear unos con otros, provocándose heridas importantes con las uñas y dientes afilados; mientras la pobre gatita sufría la peor parte por encontrarse en medio de la trifulca.
Cuando la disputa se encontraba en su momento más candente, aprovechó la oportunidad para salir corriendo... y fue ardua labor llegar hasta su casa, pues en medio del brutal combate había quedado completamente destrozada.
Cuando su Amita, se percató de lo sucedido, desconsolada, se echó a llorar; tomó en sus brazos a la malherida y de lodo embarrada la gatita... quien no parecía ser la aristócrata y hermosa felina que ella tanto amaba.

Alexandra se dispuso rápidamente a calentar agua; y en un cómodo recipiente... con mucho cuidado la bañó, eliminando todo rastro de tierra, hojas y sangre; luego la secó y fue curando, una a una, todas las heridas. Ese día... veló toda la noche, el sueño de su amada gatita; y asimismo, estuvo pendiente de todas sus necesidades, en los subsiguientes días.
Con el tiempo la gatita se repuso, y de nuevo su Amita la acicalaba y peinaba; haciéndole preciosos wikis en su cabecita... Más sin importar cuánto se esmerara y que tan preciosa la dejara, la gatita ya no era feliz.
La tristeza y la apatía la consumían; no se alimentaba bien y mucho menos intentaba escapar de casa... Con suerte a veces salía al balcón, y se le podía observar con la vista perdida hacia el horizonte... era evidente que, la pobre infeliz no deseaba vivir.

Un día Alexandra, consternada ante la actitud de Lilí, le dijo:
-Por favor, no estés más triste; ya pasó todo. Jamás te he recriminado por tus salidas; y mucho menos te llamé la atención por todo lo que te sucedió, a pesar de que constantemente te advertía lo que podía pasar.
Lilí respondió:
No Amita, no estoy triste a causa tuya, es debido al ataque de esos gatos infames. Y Me siento infeliz, porque mi príncipe, dejó de ir a mi encuentro... y yo le quiero tanto, que no imagino la vida sin él.
La Amita, interrumpiéndola, agregó:
¡Vamos anímate!
¿Te gustaría que salgamos, a pasear las dos?
Lilí aceptó con algo de desenfado, pero agradecida por tener una Amita tan dulce y preocupada de su bienestar.

Alexandra era una mujer muy astuta, pues había estado muy bien casada en reiteradas ocasiones; y cada uno de sus matrimonios había concluido por viudez... por lo que contaba con varios millones de euros en su haber.
Ella jamás concibió hijo alguno; por lo que todo cuanto tenía era para solventar los gastos y lujos, de las dos.
Así pues, para engalanar a su aristócrata gatita, tomó su correa preferida; la cual era de oro con un bello collar de diamantes.

Alexandra, días atrás, había descubierto en el ventanal de un majestuoso palacio, a un hermoso gato... más no se lo comentó a su mínima Lilí, ante el temor que esta se negara a salir de paseo.
Por lo que discretamente guio a su gatita, para que caminara entre los barrotes, de la gran valla que rodeaba el palacio.
Su plan funcionó a las mil maravillas, pues en los escalones de mármol blanco, reposando, se encontraba el apuesto gato.
Alexandra se detuvo, simulando que uno de sus zapatos se había averiado... tiempo suficiente para que Lilí y el gato cruzaran miradas.


El lenguaje corporal del gato, fue instantáneo... pues le erizó hasta el último pelo, pujándose como una pompa; acto seguido salió corriendo hacia donde se encontraba Lilí. Y al llegar a la valla, exclamó:
-¡Fufú, fufú! ¡Qué hermosa eres!
¿Aceptarías una invitación, para ingresar y conocer mi casa?
Lilí tímidamente alzó la mirada, como preguntándole a su Amita, si podía aceptar.
Alexandra inmediatamente soltó la cadena; y la gatita salió corriendo loca de alegría tras él... y pronto se perdieron detrás de la entrada principal.

La Amita pacientemente esperó toda la tarde; más sobre las siete... al ver que no salía; pulso el timbre de la puerta.
Después de poco esperar, salió una empleada; y al ver a Alexandra, quien era una mujer muy guapa y forrada de joyas se sorprendió.
¿Dígame señora? ¿A quién busca?
Bueno, a nadie que viva en el lugar... buscó a mi linda gatita, a quien observé ingreso al castillo.
¿Acaso la han visto?
La mujer, encaminándose, presurosa al palacete, contestó:
-¡Espere un momento, por favor!
En breve lapso de tiempo, apareció un señor distinguido y muy apuesto... con un corte de cabello muy pulcro y singular; quien en sus brazos traía a la gatita.

¡Alexandra, al verse frente a ese hombre tan guapetón, se emocionó perdiendo hasta los bordados del vestido! ¡Ajajá!
¡Para ser honesto, debo confesar que sospecho... esta Amita no llegó al lugar en busca de un gato solamente; sino de otro marido, forrado de billetes!
<Esa fue mi impresión>
Alexandra se decía para sus adentros:
¡Madre mía! ¡Qué guapo es este señorón!
El caballero, por igual, visiblemente exaltado; rápidamente se presentó:
Buenas noches, soy Enrique Villavicencio.
-Encantada de conocerle... yo soy Alexandra Alcalá.
¡El placer es mío!
Lilí les interrumpió..."Miau, miau.

Por lo que el hombre agregó:
Imagino que esta belleza, le pertenece. ¿No es así?
-Sí, es mi amada gatita, quien se me escapó mientras paseábamos por los alrededores.
Mientras tanto, el gatito ronroneaba girando y enrollando su cola entre los pies de su amo... ansioso de que este, liberara a la gatita... o en el peor de los casos; estaba determinado a seguirlas hasta su hogar.
Más para fortuna de los mininos... sus amos parecían llevarse de maravilla; pues después de un ratito Enrique invitó a Alexandra a ingresar para conversar a gusto... y ella sin dudarlo aceptó.
Esa noche cupido hizo de las suyas, pues flechó a ambas parejas; ya que nació un bello romance entre la pareja de humanos y sus mininos.

Desde ese momento, acordaron que seguirán propiciando nuevos encuentros, en pro del bienestar de "sus gatos"; más la verdad es que fue amor a primera vista...
A partir de esa noche, compartieron momentos de infinita felicidad... todo marchaba de maravilla; a los tres meses de conocerse, ambas parejas unieron sus vidas y fueron felices para siempre.
Enrique y Alexandra jamás llegaron a extender su familia; sin embargo, la familia gatuna creció de forma considerable... agregando infinitos momentos de ternura y diversión, a sus afortunados amos.
¡Colorín colorado, este cuento de la gata Lilí y su gato enamorado, ha llegado a su fin!



Enrique Nieto Rubio
<Derechos de Autor>
Colabora en imágenes,
Silvia Regina Cossio Cámara.

domingo, 2 de noviembre de 2014

.*.Jonathan, en el prado de acampada de Enricostro.

 Jonathan es un niño de doce años encantador y extrovertido, a quien le gustan las actividades al aire libre.


Así pues, un día, decidió, conjuntamente con sus amigos, irse de campamento a un campo inmenso, en el cual abundaban las margaritas y muchas especies de coloridas y hermosas flores.


Durante el día se la pasaron jugando a la pelota y escondite.

Ya cansados, a media tarde dispusieron tumbarse en la pradera; para observar a los pajarillos revolotear, en busca de apostarse cerca de un frondoso árbol, que se encontraba cerca de ellos.

También contaron la suerte, de observar a miles de mariposas migrando de forma masiva; quienes parecían sentirse tan libres y felices como los chicos en ese momento.


Había avecillas de diferentes especies, tales como jilgueros, petirrojos, ruiseñores, periquitos, las cuales entonaban hermosas melodías... era todo maravilloso... aunque por momentos su cantar era ensordecedor.


Entrada la noche encendieron una linda fogata, y se prepararon unos deliciosos pinchos, los cuales degustaron con una exquisita ensalada fría de papas.

Ya entrada la noche, ingresaron a su tienda de campaña, encendieron una lámpara de queroseno y se sentaron alrededor, mientras nuestro buen anfitrión Jonathan, sacó de su mochila el libro, "Una historia en el espacio"; el cual los dejó en rotundo silencio a los presentes... pues tenía una portada con cuero labrado y un ojo en movimiento, que parecía ser de otro mundo.

Jonathan se sentó sobre una roca, para así llamar la atención de todos... y comenzó a narrar la historia de marcianos que invaden la tierra... todos estaban fascinados. El relato duró por más de dos horas, pero el tiempo se les había ido volando... pues era algo escalofriante pero emocionante a la vez, y esperaban ansiosos de saber cómo terminaría.

De pronto se escuchó un fuerte estruendo, se iluminó el cielo... y al salir, se percataron que venía bajando una gran nave, la cual se posó al lado de su campamento. Acto seguido descendieron unos pequeños hombrecillos, de cabezas y ojos muy grandes e iluminados.

El marciano que estaba al mando, les preguntó:
-¿Os gustaría dar un paseo en nuestro platillo?

Los niños un tanto temerosos, pero alucinados por la historia que recién habían terminado de escuchar, al unísono respondieron:
-¡Sí! ¡Sí! ¡Claro que sí!
Bueno, pues entonces... ¡No se diga más! ¡A subir todos a bordo!


La nave se elevó con la rapidez con la cual había descendido. 

Se dirigieron hacia el infinito, empleando una velocidad supersónica; misma que parecía encoger el espacio-tiempo... surcaron cielos y mares, dándole varias vueltas a la tierra.

Los pequeños aventureros, extasiados, observaban absortos desde una gran ventana... pues relativamente en lapsos cortos de tiempo y en repetidas ocasiones... admiraron la tierra de día y de noche.


Se maravillaron con el paisaje, en el cual se contemplaba de forma magistral sus montañas cubiertas de nieve, volcanes y valles colosales, hermosos lagos y ríos... y la inmensidad del océano.

Horas más tarde, los marcianos los devolvieron al campamento, no sin antes preguntarles si, al día siguiente, deseaban ir a conocer su planeta. 



Los niños nuevamente, más que seducidos, expresaron que les encantaría y los esperarían con ansias. 
 No obstante, Jonathan, un tanto atrevido, les preguntó, si era posible no bajarse del platillo y quedarse a dormir en el lugar.
El marciano esbozo una leve sonrisa, y consintió en su deseo, diciendo:
-Bueno, seréis nuestros invitados de honor; por lo que os daremos vuestras cámaras individuales para que podáis descansar con propiedad.

¡Siiiiiii! Exclamaron los pequeños, ingresando cada uno a su espacio... y como se encontraban exhaustos, pronto se quedaron dormidos.

El platillo, en esta ocasión, se dirigió en dirección de una inmensa estrella, que era su planeta... tan distante, qué imposible es divisar desde la tierra.

La nave ha descendido en un planeta, tres veces más grande que la tierra; el cual está blindado por una cúpula de cristal... o al menos eso parece, y está rodeado por varios soles. Es un mundo de fantasía... pues todo es majestuoso y colosal.

Cuando los niños despertaron, corrieron hacia las ventanas y se deslumbraron con tanta belleza. 

No hay construcciones de ladrillo, cables, et. et, todos son de cristal... y solamente son seis rascacielos inmensos... todos ellos conectados entre sí, por enormes pasadizos del mismo material.

En el interior de cada rascacielos, podían observar trenes transparente con miles de seres, viajando cientos de kilómetros... y recorriendo las grandes ciudades, o sea los otros rascacielos; los cuales se encuentran rodeados por inmensos parques y bosques, donde los marcianos pasean y se divierten.

En este planeta también sus ocupantes, tienen mascotas... solamente que con el cuello muy largo y con la habilidad de conversar.

Los niños están tan felices, jugando y disfrutando de lugar, que poco o nada les ha importado, que llevan días fuera de su hogar... y en lo que menos piensan es en regresar.

En la tierra, los monitores del campamento, al constatar que los niños han desaparecido, han dado aviso a sus padres y a las autoridades. Se ha realizado una investigación y rastreo de gran envergadura, y no se explican cómo es posible no encontrar una sola huella, que les indique la dirección a donde los niños pudiesen haberse dirigido.

Lo único que han encontrado es un gran círculo de maleza quemado. Más como los niños eran muy conocidos en la comunidad, todos los vecinos se han organizado para salir a buscar en el bosque y barrer metro por metro... hasta encontrarlos.

La multitud de personas era tan grande, que desde lejos parecían luciérnagas en el bosque...de pronto un hombre, señalando al cielo, ha comenzado a gritar:
-¡Mirad... mirad! ¡Es un platillo volador!

La nave bajó lentamente, luciendo en todo su esplendor su tamaño, con parpadeantes luces de colores.

Algunos de los presentes han huido, despavoridos, mientras que otros extasiados y casi hipnotizados... solamente se han apartado un tanto, para no ser quemados con la gran estela de fuego que de la nave viene emanando.
Cuando por fin ha posado en la tierra, se ha abierto una puerta, de la cual se ha extendido una escalera, por la cual han descendido los pequeños; quienes agradecidos se han despedido de sus amigos los marcianitos. 

Los extraterrestres, a su vez, les han prometido que para sus próximas vacaciones...de nuevo les visitarán, para llevarlos de vuelta a su planeta.

Los padres de los chicos los han recibido, entre lágrimas de felicidad y regañinas... pero sintiéndose bendecidos de tenerlos nuevamente entre sus brazos... y agradecidos para sus adentros...de la increíble aventura que sus hijos tuvieron la oportunidad de experimentar.




Enrique Nieto Rubio
*De 
Jonathan es un niño de doce años encantador y extrovertido, a quien le gustan las actividades al aire libre. 
Así pues, un día, decidió, conjuntamente con sus amigos, irse de campamento a un campo inmenso, en el cual abundaban las margaritas y muchas especies de coloridas y hermosas flores. 
Durante el día se la pasaron jugando a la pelota y escondite. 
Ya cansados, a media tarde dispusieron tumbarse en la pradera; para observar a los pajarillos, revolotear, en busca de apostarse cerca de un frondoso árbol, que se encontraba cerca de ellos. 
También contaron la suerte, de observar a miles de mariposas migrando de forma masiva; quienes parecían sentirse tan libres y felices como los chicos en ese momento. 

Había avecillas de diferentes especies, tales como jilgueros, petirrojos, ruiseñores, periquitos, las cuales entonaban hermosas melodías... era todo maravilloso... aunque por momentos su cantar era ensordecedor. 
Entrada la noche encendieron una linda fogata, y se prepararon unos deliciosos pinchos, los cuales degustaron con una exquisita ensalada fría de papas.

Ya entrada la noche, ingresaron a su tienda de campaña, encendieron una lámpara de queroseno y se sentaron alrededor, mientras nuestro buen anfitrión Jonathan, sacó de su mochila el libro, "Una historia en el espacio"; el cual los dejó en rotundo silencio a los presentes... pues tenía una portada con cuero labrado y un ojo en movimiento, que parecía ser de otro mundo.

Jonathan se sentó sobre una roca, para así llamar la atención de todos... y comenzó a narrar la historia de marcianos que invaden la tierra... todos estaban fascinados. El relato duró por más de dos horas, pero el tiempo se les había ido volando... pues era algo escalofriante pero emocionante a la vez, y esperaban ansiosos de saber cómo terminaría. 
De pronto se escuchó un fuerte estruendo, se iluminó el cielo... y al salir, se percataron que venía bajando una gran nave, la cual se posó al lado de su campamento. Acto seguido descendieron unos pequeños hombrecillos, de cabezas y ojos muy grandes e iluminados.

El marciano, que estaba al mando, les preguntó:
-¿Os gustaría dar un paseo en nuestro platillo? 

Los niños, un tanto temerosos, pero alucinados por la historia que recién habían terminado de escuchar, al unísono respondieron:
-¡Sí! ¡Sí! ¡Claro que sí!
Bueno, pues entonces... ¡No se diga más! ¡A subir todos a bordo!

La nave se elevó con la rapidez con la cual había descendido. 
Se dirigieron hacia el infinito, empleando una velocidad supersónica; misma que parecía encoger el espacio-tiempo... surcaron cielos y mares, dándole varias vueltas a la tierra. 
Los pequeños aventureros, extasiados, observaban absortos desde una gran ventana... pues relativamente en lapsos cortos de tiempo y en repetidas ocasiones... admiraron la tierra de día y de noche. 

Se maravillaron con el paisaje, en el cual se contemplaba de forma magistral sus montañas cubiertas de nieve, volcanes y valles colosales, hermosos lagos y ríos...y la inmensidad del océano. 

Horas más tarde, los marcianos los devolvieron al campamento, no sin antes preguntarles si, al día siguiente, deseaban ir a conocer su planeta. 

Los niños nuevamente, más que seducidos, expresaron que les encantaría y los esperarían con ansias. No obstante, Jonathan, un tanto atrevido, les preguntó, si era posible no bajarse del platillo y quedarse a dormir en el lugar. 
El marciano esbozó una leve sonrisa, y consintió en su deseo, diciendo:
-Bueno, seréis nuestros invitados de honor; por lo que os daremos vuestras cámaras individuales para que podáis descansar con propiedad. 

¡Siiiiiii! Exclamaron los pequeños, ingresando cada uno a su espacio... y como se encontraban exhaustos, pronto se quedaron dormidos.

El platillo, en esta ocasión, se dirigió en dirección de una inmensa estrella, que era su planeta... tan distante, qué imposible es divisar desde la tierra.


La nave ha descendido en un planeta, tres veces más grande que la tierra; el cual está blindado por una cúpula de cristal... o al menos eso parece, y está rodeado por varios soles. Es un mundo de fantasía... pues todo es majestuoso y colosal. 

Cuando los niños despertaron, corrieron hacia las ventanas y se deslumbraron con tanta belleza. 

No hay construcciones de ladrillo, cables, et. et, todos son de cristal... y solamente son seis rascacielos inmensos... todos ellos conectados entre sí, por enormes pasadizos del mismo material.

En el interior de cada rascacielos, podían observar trenes transparentes con miles de seres, viajando cientos de kilómetros... y recorriendo las grandes ciudades, o sea los otros rascacielos; los cuales se encuentran rodeados por inmensos parques y bosques, donde los marcianos pasean y se divierten.

 

En este planeta también sus ocupantes, tienen mascotas...solamente que con el cuello muy largo y con la habilidad de conversar.

Los niños están tan felices jugando y disfrutando del lugar, que poco o nada les ha importado, que llevan días fuera de su hogar... y en lo que menos piensan es en regresar.

En la tierra, los monitores del campamento, al constatar que los niños han desaparecido, han dado aviso a sus padres y a las autoridades. Se ha realizado una investigación y rastreo de gran envergadura, y no se explican cómo es posible no encontrar una sola huella, que les indique la dirección a donde los niños pudiesen haberse dirigido.

Lo único que han encontrado es un gran círculo de maleza quemado. Más como los niños eran muy conocidos en la comunidad, todos los vecinos se han organizado para salir a buscar en el bosque y barrer metro por metro... hasta encontrarlos.

La multitud de personas era tan grande, que desde lejos parecían luciérnagas en el bosque...de pronto un hombre, señalando al cielo, ha comenzado a gritar:
-¡Mirad... mirad! ¡Es un platillo volador!

La nave bajó lentamente, luciendo en todo su esplendor su tamaño, con parpadeantes luces de colores. 
Algunos de los presentes han huido, despavoridos, mientras que otros extasiados y casi hipnotizados... solamente se han apartado un tanto, para no ser quemados con la gran estela de fuego que de la nave viene emanando.

Cuando por fin ha posado en la tierra, se ha abierto una puerta, de la cual se ha extendido una escalera, por la cual han descendido los pequeños; quienes agradecidos se han despedido de sus amigos los marcianitos. 

Los extraterrestres, a su vez, les han prometido que para sus próximas vacaciones...de nuevo les visitarán, para llevarlos de vuelta a su planeta.

Los padres de los chicos los han recibido, entre lágrimas de felicidad y regañinas... pero sintiéndose bendecidos de tenerlos nuevamente entre sus brazos... y agradecidos para sus adentros...de la increíble aventura que sus hijos tuvieron la oportunidad de experimentar.
Enrique Nieto Rubio
 *Derechos Reservados.
Colabora en imagenes,
 Silvia Regina Cossio Camara.
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