jueves, 29 de diciembre de 2022
**Me falta tanto su presencia.
martes, 20 de diciembre de 2022
**Si te roban el corazón.
y las guardan en un arcón.
Este amor queda muerto.
Si te roban el corazón,
de ese espacio vacío.
Y aun surcando la ladera,
Pues muriendo en la distancia,
Él te dará un consejo.
Otro amor te llegará.
Y sangrando, por los caminos va.
No es amor de piedad.
Si no amor de pasión, de deseos, sexo,
Es el amor, este del bueno.
Tantas notas en tu mente.
¿Qué no entiendes?
Porque la esperanza,
Aunque sea un amor perdido,
Que ella quiere vivir.
lunes, 19 de diciembre de 2022
** (en la posguerra en el 1936).Cuento.

En la posguerra en el 1936. Cuento.
Francisco, un chico de once años, que vivía con su abuela en una granja.
Este perdió a sus padres en la guerra, y su abuela lo tenía en su granja. Cuando llegaban los militares, la abuela lo escondía, pues era de origen judío, que entonces eran perseguidos y matados.
Así el niño fue creciendo y no era mal chico; el niño jugaba con las gallinas y los conejos, sí era muy feliz.
La abuela, que había sido maestra, le enseña a leer y escribir y fue creciendo.
El tiempo transcurre muy rápido; ya con diecisiete años, este chico fue cambiando, pero para mal: le mataba las gallinas y los conejos, ya no ayudaba a la abuela en nada. Ella era tan mayor que apenas si podía moverse.
Un día ya no podía estar más allí y le dijo a su abuela, que tanto hizo por él, que la odiaba, que su vida era una mierda por estar cuidándola a ella y que ya no aguantaba más. Estrelló los platos de la cena, y desde entonces todo fueron malos tratos a su abuela, que incluso llegó a pegarle.
La pobre abuela quedó con el alma rota por aquel trato que le daba su nieto, y sus lágrimas brotaban a borbotones. Ella solita en su salón ni podía levantarse de la mesa; con aquel delantal que ella siempre se ponía para guisar, secaba sus lágrimas.
Miraba toda la casa de reojo, pensando qué pudo hacer mal para ese trato tan duro.
La pobre abuela agarró su bastón que posaba en el respaldo de su silla y, como pudo, se fue a su dormitorio, que estaba cerca del comedor. Se tumbó en la cama, sin taparse siquiera, y seguía llorando, recordando a su hija muerta, la madre del chico, hasta quedar dormida, sollozando de pena, y hacía un frío tremendo esa noche.
Se ha levantado Francisco y, sobre las seis de la madrugada, ha bajado y se ha dirigido a la cocina.
Allí su abuela escondía todo su dinero, montones de billetes; los cogió y en una maleta de estas grandes de cartón, que era lo que entonces se llevaba. Y se marchó, pero topó a la salida con una gallina vengadora; él, con todo el coraje, cogió a la gallina y la metió con el dinero en la maleta y se largó a la estación.
Allí, por casualidad, esperaba el tren y se subió ligero, abandonando a su abuela.
Ya por los Pirineos le dio hambre, pues no había comido nada.
En su camarote viajaba solo y decidió coger dinero para comprar algo de comer.
Cómo fue la cosa, que cuando abrió la maleta, la gallina se había comido todos los billetes.
Cuando quiso agarrar la gallina, ella saltó y por la ventana le dijo adiós, revoloteando, y cojeando, marchó por el campo.
Él se vio de lo más pobre del mundo y superlejos de su casa.
A la semana siguiente, un vecino granjero que vivía al lado de la abuela fue a visitarla.
Pero allí olía muy mal. El granjero, al ver que no contestaba, se asustó y se fue a la Guardia Civil, y comentó que algo pasaba en esa casa. Él explicó que la abuela vivía con su nieto y que nadie contestaba.
Así, la Guardia Civil se personó en la casa y se encontró a la abuela muerta en su cama.
Ella había muerto esa misma noche en que su nieto la robó y la abandonó.
Bueno, es lo mejor que le debió de pasar, antes de ver que su nieto la robaba.
Enrique Nieto Rubio.
Derechos reservados.
miércoles, 14 de diciembre de 2022
**Dónde estarás cariño mío.
¿Qué tanto pienso en ti?
Él se marchó de mí.
Que mi esperanza se nubló...
¿Qué será de mi pasión?
Sin decirme ni un adiós,
¿Dónde, coño, se marchó?
Ese fue tu sentimiento.
Que tu amor no era cierto.
Un amor apasionado;
Que tu amor todo era vano.
Que te morías por mí.
También le decías que sí.
Jugando con dos amores...
Y los dos te mandan flores.
O quizás para él, de él, ¿no?
Muchas flores te mandé.
¿Qué bonito era aquello?
Pero solo jugabas tú.
Y nosotros, nosotros qué.
Encima de aquel ayer;
Y por siempre en mi querer.
Y nada se puede hacer.
o te marchas con él...
Que sin ti yo viviré.
Y a ti... ¡Te olvidaré!









