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miércoles, 26 de octubre de 2022

**Jesús y Marìa de Belén. (cuentos).




Jesús, un chico de dieciocho años. Titulado en Magisterio, entonces.

Él todos los días, en el patio de su casa. Entre olivos y margaritas.
 A las nueve de la mañana, hacía sonar una preciosa campana, hasta nueve veces. Y se sentaba de espaldas al sol de primavera.
Y a las nueve exactas, se rodeaba de chicos y chicas.

Él les decía: "¿Sentaros?".
Hoy comenzaremos con la lección que dejamos ayer, ¿vale?
¿De qué estuvimos hablando?
Dijo un alumno.
¡¡De la naturaleza!!
¿Bien, sí, y debemos maltratar a los animales?
¡¡No, para nada.!!
¿Y si tuviéramos que matarlos? Para alimentarnos.
¿Deberíamos hacerles sufrir, por gusto o placer?
¡¡No, no decían todos.!!
Y así eran todos los días con Jesús.
Pues era todo amor y cariño.

Pero María, que era mujer, lista y piadosa y muy sabia, antes de las nueve y cinco.
Salía repartiendo unas riquísimas tortas, con miel y unos buenos tazones de leche.
Pero no de leche que se vende hoy, que casi toda es agua.
Si no de pura leche, que con solo un sorbito, veías hasta los ángeles del cielo.
Y a su hijo Jesús,
Además, le daba dos besos de buenos días.
Así Jesús les iba enseñando, de todo en general.

Les hablaba de la moral, de lo que deberíamos hacer, del respeto a los padres y hermanos; les hablaba de la palabra, de Dios todopoderoso.
Pero un día, uno de sus alumnos no vino y el corazón se le encogió, y esperó a que María, su madre, les repartiera ese rico desayuno de tortas con miel y su tazón de leche.
Y como a él no le gustaba eso de preocupar a nadie, dijo.
¿Hoy la naturaleza la estudiaremos, en el camino que os parece?
Todos contestaron: ¡¡sí!! Con gran alegría.
Jesús, mientras les enseñaba, todo cuanto había en el paso, que hasta los incestos tenían su historia, se iba aproximando a una cabaña, donde vivía la niña que faltaba.
Ya en la puerta les dijo a todos.
Sentaros todos alrededor de mí, voy a preguntar por nuestra amiga, a ver qué pasa y cuando salga os cuentovale?, pero en silencio, pues no sé qué puede pasar, ¿sí?
¿Sí?
Así Jesús llamó a la puerta.
Preguntando por Juanita.

Su madre, llorando, abrió la puerta y le explicó. ¿Juanita se muere? De una enfermedad que de pronto le vino.
Jesús le puso la mano en el hombro a su madre, diciéndole. ¡¡No se preocupe, que se pondrá bien.!!
Y le dijo:
¿No le importa que los chicos entren a saludarla?
La madre no se opuso, resignada, pues ya daba lo mismo; sus lágrimas no dejaba de verter.
Jesús salió fuera y les dijo a todos: "¿Ahora en silencio, vamos a rodear a nuestra querida compañera y rezaremos por ella, para que así se ponga buena? ¿Qué os parece?"
Y todos contestaron que ¡¡sí!!

Cuando todos sus compañeros estaban rezando alrededor de su camita, Jesús pidió a su madre varias clases de hierbas y flores que solo ella debería recoger por los alrededores de la casa.
Pero afuera de la casa, apareció María.
Madre de Jesús.
La tomó de la mano y le ayudó a recoger todas esas flores.
Ya hecho, María se brindó a hervirlas y desnudando a la niña, que estaba ardiendo en fiebre.
María la frotó por todo su cuerpo y, una vez hecho, pidió a la madre de la niña que les diera unas sábanas limpias.

Envuelta en las sábanas de la cama, se la entregó a Jesús. que besándola en la frente. Ella lo miró y sonrió.
Ya puestas las sábanas limpias, María tomó a la niña y la puso en la cama, tapándola bien.
María dijo a su mamá: "¿No se preocupe, que mañana estará en el colegio, ?".
Y María besó a su mamá en la frente, y eso fue un manto de relax que ella no podía ni explicar.
Así se pasó la tarde, y todos volvieron a casa de Jesús y María, donde despidieron el día.
Y con las bendiciones de ellos dos, todos se fueron lo más contentos a casa.
Pues Jesús y María, ellos jamás se equivocaban.
Y su palabra es la fe y el amor verdadero.
Posdata: Si te sientes afligida y no encuentras compasión.
Acuérdate de Jesús y María, que ellos son la bendición.
Que reconfortará tu alma y calmará tu dolor.
Mis besos a todos.
Enrique Nieto Rubio,
Derechos reservados de autor.
J.P.DOIM.ID.OO.98.

lunes, 24 de octubre de 2022

**Silvia la abuelita en su cabaña. (cuento).



Érase una vez una linda abuelita que vivía junto a sus nietos en una hermosa cabaña en el bosque.

Durante el día se divertían muchísimo, con quien siempre encontraban actividades emocionantes para hacer...

Así vivían día tras día, sin mayores penas; más que disfrutar de la vida y de todo el bello entorno en el que se encontraban.

Por las mañanas, la abuelita la instruía en diversas materias... y por las tardes bordaban, cocinaban, recolectaban flores del campo.

Tres veces a la semana salían de madrugada, pues se iban a pescar en un pequeño velero; muchas veces luchaban con las ballenas, que no les dejaban pescar, pues eran insaciables comiendo peces.

Pero la abuelita linda cogía el remo y les golpeaba en sus cocorotas, y entonces las ballenas se metían en el fondo del mar y no molestaban más.

Cuando pescaba lo suficiente para el día, regresaban adentrándose otra vez por aquel precioso río, que casi rozaba la cabaña.

La abuela tenía un enorme corazón y se preocupaba de pescar lo suficiente para así alimentar a un oso negro, que siempre rondaba la cabaña. Ella le daba de comer algunos pescados, y el oso se marchaba de lo más contento.

El animal no solía alejarse mucho de la cabaña, pues la abuelita y los niños eran casi su familia, ya que la mujer lo había criado desde que era un pequeño osezno, pues unos cazadores muy malos mataron a sus padres.

Un día oscuro, sin luna a las tres de la madrugada, sintió que merodeaban alrededor de la cabaña; por lo que la abuelita, muy asustada, agarró un hacha que tenía colgada en la pared... por si acaso. La que le servía para cortar leña.

A ella le parecían raros los ruidos provenientes del exterior, ya que a Oso le gustaba hacer hoyos y cavar... pero jamás a esas horas.

De pronto comenzaron a aporrear la puerta; a ella el corazón casi se le salía, al punto que no podía pensar. Todo estaba pasando muy rápido. Como los merodeadores vieron lumbre en la chimenea, no pararon de golpear la puerta.

La voz de hombre se escuchaba: ¡Abrir, por favor!

¡Que mi compañero ha pisado una trampa de oso y se puede morir!

La abuela en ningún momento se detuvo a pensar que fuera mentira, y abrió la puerta...


Los intrusos, tan pronto vieron a la abuela, desprotegida, en el instante la comenzaron a golpear por todos lados. 


El paso de los años aún no había deteriorado su grácil figura; así pues, ellos quisieron todo de ella.

La abuelita, en ese momento, no podía dejar de pensar en los niños, quienes eran su mayor tesoro. 


Temía por el bienestar de sus nietecitos, o lo que pudieran hacer con ellos.

Por temor a despertarlos, apenas alcanzó a dar un chillido en ese momento... Así pues, no puso resistencia, pues los hombres eran muy grandes y armados con escopetas.


 La desnudaron a tirones y ya iban a cobrar la presa; cuando una sombra apareció por la ventana.

Ella miraba al oso como pidiendo auxilio, y este entendió el mensaje irrumpiendo en la entrada; con sus garras de 20 centímetros se lio con los dos, y no paró hasta destrozarlos. El oso parecía un demonio en ese momento.

La abuelita quedó impactada y se desmayó cayendo al suelo.

El oso se acercó a ella y, escondiendo sus garras, la apartó del sitio atroz; cogiéndola por el torso, la subió con sus grandes manos hasta su habitación.

Sus nietecitos no se dieron cuenta de todo lo sucedido. Ella se sintió, en ese momento, la mujer más protegida de todo el mundo.

Sentía el vasto pelo del oso rozando su cuerpo desnudo, y escuchando al oso balbucear... quien, moviendo la cabeza hacia los lados, se mostraba orgulloso, y parecía agradecerle tantos años de alimentarlo y cuidarlo con tanto amor.

Luego de liberarse de su dulce carga, el oso bajó las escaleras y arrastró los dos cuerpos a la vez... lanzándolos río abajo, donde unos cocodrilos celebrarían un gran banquete.

¡Nadie, jamás, se atrevería a posar sus manos en aquella cabaña!

Y así, la hermosa abuelita y su pequeña nieta continuaron su vida de ensueño, divirtiéndose y bañándose en un lago que se formaba a la orilla del río.

La cabaña y sus alrededores eran un lugar muy seguro, donde si deseaban podían despojarse de sus ropas; pasarla maravillosamente, sin pena alguna de ser atacadas... pues siempre estaban bajo la protección de su fiel guardián.

En esta oportunidad, no hay príncipe azul, aunque está en la mente del escritor. ¡Jajaja!

Enrique Nieto Rubio

Derechos de autor.

Colabora en imágenes.

 Silvia Regina Cossio Cámara.

sábado, 22 de octubre de 2022

**Al Castillo Mágico del Poeta.(cuento) .

 Fotos: Los castillos más bonitos de Europa | El Viajero | EL PAÍS

El Castillo Mágico del Poeta.
Érase una historia verdadera, de un fantástico castillo.
Se llama El Castillo Mágico del Poeta.
Aquí vive una hermosa princesa, se llama Fay Gwillyon, de chiquita, una niña maravillosa.
Con su padre, el rey y la reina, ellos siempre la tenían muy cobijada y nunca salía del castillo.

Les construyeron dentro del castillo, que además era un palacio tremendo, grandes jardines; ella lo tenía todo, pero de puertas a fuera el mundo era muy cruel, así que estaba constantemente vigilada.

Ella fue creciendo, hermosa y feliz, pero también había soldados dentro del castillo mágico que violaban las normas y evadían la magia, aquella que con el tiempo fueron aprendiendo.
Ya la princesa, con dieciséis años, una hermosa muchacha con cabellos dorados, algunos de los vigilantes la miraban con esos ojos de sátiros violadores, incluso llegando a asediarla. Ella, aunque conseguía escapar, siempre estaba en peligro.

Al rey a estos los mandaban a ahorcar, pero siempre salían otros.

Ya en los reinos de España escucharon de esta hermosa princesa Fay, y que este castillo ya no era seguro, pues había demasiados enemigos dentro.

 Abd al-Rahman III. Soberano del Califato Omeya, este rey
Se dirigió a este castillo, pidiendo audiencia al rey; viajó con cien camellos llenos de presentes para este rey, pues aunque

Una postal de amor

Las religiones eran muy distintas a la musulmana; no lo paraba nada, ya que en otro tiempo lucharon juntos en varias batallas.

Caminaron muchos meses, desde el palacio de Medina Hazara.

Abderramán III | Visitar Medina Azahara

de Córdoba, hasta llegar a allí. Ya en las puertas del castillo los recibieron maravillosamente, y el rey cenó solo con él y la reina y princesa.
Lo que el califato no esperaba es tener un polizón en sus filas, y lo descubrieron.

Emires y califas de Córdoba: Cinco generaciones de madres vasconas | Orreaga Fundazioa

Tenía una babucha, que no se le veía el rostro, y lo detuvieron por seguridad.

Cuando lo llevaron hasta él, le quitaron la babucha y era la hija del califato, que estando en Medina Al-Zahra, escuchó la historia de esta familia, y le picó la curiosidad. Esta princesa era una maravillosa niña de dieciséis años, que era una fantástica poetisa, como su madre.

Medina Hazara, aquí por entonces, era la cuna de la poesía de todo el mundo, pues su cultura se arraigó en el amor y la poesía.

Medina Azahara, de Córdoba: Del califa enamorado a la advocación a Venus o a la hija del Profeta
La literatura, entonces, era lo más grande, y el palacio más hermoso del mundo.
Bueno, seguimos. Cuando el califa la vio, dijo: "¿Pero qué haces tú aquí?". Ella se arrodilló ante él y respondió: "Padre, es que quería conocer a la princesa en apuros". "Ya te daré yo apuros, anda, ven a mi lado".
Así terminó esta presentación, y las dos princesas se conocieron y se hicieron muy amigas.
Cuando terminaron la cena, el cordobés musulmán le dio muchos presentes, en regalos para él y la reina, mientras ellas dos se fueron a sus aposentos, y allí recitaron preciosos poemas de amor a sus apuestos soñadores, de sus noches.

Wallada

Ya estando la luna encima, una luna nunca vista, las dos princesas salieron a un balcón, allí en una de las torres del castillo, y gozaron de esa noche estrellada que les brindaba el universo. Y que les duró hasta el alba.
El rey del castillo le habló de la inseguridad por su reino y el musulmán le ofreció refuerzos de grandes luchadores, fieles a él.

Y además le propuso traerse a la princesa al palacio de Córdoba, donde la seguridad era tremenda.
Y todos fieles al rey musulmán.

Y así lo hicieron. La princesa del castillo se tiró cuatro años en el palacio de Medina Azahara en Córdoba, aprendiendo y desarrollándose perfectamente con esta cultura musulmana, que era lo más.

Felipe y Letizia, en Petra

Al poco de marcharse, se enamoró de un consejero de este rey y pronto se casarían y marcharían a su castillo mágico, donde todo ya se
Había calmado, y reinaban en paz, con todo su pueblo.

Ellas, desde entonces, se visitan constantemente y se cartean sus chismes amorosos.
FIN.
Enrique Nieto Rubio,
Derechos reservados.
Dedicado al CASTILLO MÁGICO DEL POETA,
En este su décimo año. FELICIDADES.

lunes, 17 de octubre de 2022

**Cuento en prosa de una hada. (para mayores).

 

En un bosque encantado, un hada se perdió, y su cuerpo ya cansado
En pelotas se durmió.
Bajo un árbol grandísimo, allí su cuerpo descansó.
Mientras un duende malvado la acechaba sin razón.
Esperando estaba él a que ella se durmiera, para atraparla en una jaula y hacerla su compañera.
Con unos polvos mágicos, que en su rostro él le echó,

Ya no despertaría y con ganas se la llevó, que su baba se le caía.
Al ver que era un bombón.

Pobrecita del hada, en una torre que está, rodeada de musarañas.
Que también la quieren probar.
Con cadenas este la tiene, tirada en un rincón.
Con ese culito que tiene, y mirándola está el bribón.

Ella no quiere, no quiere, que se le acerque este marrano.
Que el culito quiere comerle, aunque solo sea un poquito.
Ella gritaba, y gritaba, no paraba de gritar, y este duende malvado,
Se tuvo que retirar.
Llorando, ella quedó con su cuerpo desnudo.
Esperando que este guarrón, quisiera verle el culo.
Un águila que pasaba, y la sintió sollozar, se asomó por la ventana.
Y la vio suplicar.
Que le echara una manita, al águila le suplicó, con esa cara tan bella. El águila allí entró.
Con sus alitas abiertas, el águila la protegía mientras rompía sus cadenas. Encima de él, ella se subía.
Agárrate, bella hada, no te vayas a soltar; te llevaré hasta tu casa, y allí descansarás.
El águila salió volando, y el duende que lo vio, una lanza le ha tirado. Y en un costado la clavó.
 águila, le decía, vuela, vuela, ya no pares de volar, que mi casa queda cerca.
Y seguro llegarás.
Allí, en una cueva, el águila fue a caer. Y ella tiraba del águila, por si la pudieran ver.
En esa cueva tenía agua bendita del manantial.
Ella la tomó con su boca, y al águila se la quiso dar.
Ella le sacó la lanza, y en sus heridas, más agua le echó al águila moribunda, y casi muere de dolor.
Por fin se ha recuperado, con el agua que le dio.
Y en hado se ha convertido, y con ella se casó, y vivieron muy felices. Para siempre, en su amor.

Enrique Nieto Rubio.
Derechos de autor.
Cuento.

YR,YO.DODD.19.

**Saray una niña muy lista. (cuentos)

 

Saray, una niñita muy lista, desde meses su mamá le contaba dónde vivía su papá, pues él se marchó antes de que ella naciera.

Una traidora enfermedad cogida en SINVAGUE, cuando regresaba de cartografiar toda aquella zona.

Además, él cartografiaba también todas las estrellas del cielo, y eran millones.
Así su mamá le contaba que su papá vivía en una de esas estrellas.
Y así ella llegó a obsesionarse con aquello.

Saray vivía en el campo con su mamá y sus abuelos; ella, lo cierto es que era muy feliz, iba al colegio, sacaba buenas notas y jugaba muchísimo con su abuelo.

 Se iban a pescar y lo cierto es que cogían muchos peces; más al atardecer, Saray se sentaba con su abuelo en el porche, y ella en su columpio no paraba de hacerle preguntas a su abuelo, que por la edad lo sabía todo, pero siempre que la niña sacaba el nombre de su hijo, que era su papá de ella, no decía nada, se le hacía un nudo en la garganta y no conseguía sacar ni una sola frase.

Ella le decía: "Abuelo, dice mi mamá que mi papá vive en una estrella, ¿tú sabes cuál es? Pues mamá señala hacia arriba, pero siempre le caen unas gotas de lluvia en los ojos, y no consigo que me diga cuál es".
Al abuelo le pasaba lo mismo, que se le llenaban los ojos de lluvia.

Así fue creciendo, y un día encontró un viejo libro de literatura, antiquísimo, debajo del porche de la casa, semienterrado en la arena; nadie sabía de quién era, pues a saber, aquella casa llevaba construida cientos de años, incluso desde que los indios vivían en aquellas regiones.

Se sentó en el porche, un domingo muy soleado; el sol brillaba muchísimo.

Ya comenzaba a entrar la primavera, así que cogió su libro, que no era muy grande ni gordo.
Y echando su espalda sobre el poste del porche, con sus piernas encogidas, se puso a leerlo.

Este libro era maravilloso, hablaba de los dioses indios y de las estrellas y la reencarnación.

Ella leyó que si conseguía llenar la botella de estrellas, sin que ninguna se le escapara, entonces podría coger a sus seres queridos y devolverlos a la vida, y eso es lo que Saray se dispuso a hacer.

Claro que, como en aquel libro no decía cuáles tenía que coger, pues ella empezó por las más grandes.

¿Qué pasaba? Que en aquel bote cabían millones de estrellas, que jamás conseguiría llenarlo, pero ella no era consciente de eso, pues quien escribió aquel libro era muy listo y, claro, él no se equivocaba nunca. De esta manera, pues así no mentía y sus tribus iban creciendo y haciéndose mayores, sin conseguir llenarla, mientras con el tiempo sus penas se iban pasando y olvidando.

Bueno, a lo que vamos, con nuestra querida Saray.
Ella se propuso coger estrellas y cada noche cogía cientos. Y además, todos los días volvía a leer aquel libro, que parecía mágico.

Pasaban los días y los meses, y mientras su mamá conocía a un señor apuesto y muy guapo.

Con el tiempo, este señor se fue metiendo cada día más en su vida y también conversaba mucho con ella en el porche y el abuelo al anochecer.

Ella llegó a hacer una buenísima amistad con él, pues ella veía que su mamá era muy feliz.
Su mamá, al atardecer, salía al porche y les llevaba a todos unos refrescos, y entre la luz de aquella casa, se veía muy esplendorosa y aquel novio le decía cuánto la amaba.

Saray los miraba con mucho amor a los dos, pues se sentía muy feliz.

Así pasó algún tiempo, y cuando creyó que la botella ya estaba llena, entraba su nuevo papá por la puerta, diciéndole: "¿Dónde está mi niñita bella? Que me la como a besos".

Y se abrazaron fuertemente, mas la botella se le cayó, rompiéndose en un millón de pedazos, saliendo hacia el cielo millones de estrellas que iluminaron todo aquel precioso bosque.

Y desde todo el mundo, vieron nacer millones de estrellas nuevas, y hasta estos tiempos, hoy siguen brillando.

Pero para verlas realmente, hay que irse muy lejos en el campo, donde no haya luz alguna, de viviendas ni farolas.
FIN.
Enrique Nieto Rubio.
Derechos reservados.

YR.YO.DODD.12,48.

domingo, 16 de octubre de 2022

**Samanta y su biblia. (cuentos).

 


Samanta fue una niña muy inteligente en el colegio, pero eran tiempos de guerra, tiempos malos y tristes.

Allí, en la Cochinchina, ella vivió toda la miseria junta, de un mundo podrido por la avaricia y la destrucción.

Los cosacos, aquellos, eran despiadados con todos, y prohibieron todos los libros.

Samantha tenía una biblia preciosa de la que no quiso deshacerse, pues era antiquísima, de sus bisabuelos o más en la familia.

En la plaza del pueblo, allí una gran montaña de libros dispuestos a ser quemados.

Más todo el que tuviera un libro en casa, serían quemados todos con la casa.

Así Samanta decidió hacerse unas zapatillas con aquella biblia, aprovechando cada contexto, cada frase, cada lágrima por todos, y vestida de mendiga, decidió pasarse por la plaza aquella, que ardía tremendamente.

Ella dio muchas vueltas alrededor de la candela y, como esa biblia parecía tener poderes, en cada vuelta alrededor de la candela, todos los libros parecían arder, pero ninguno se quemaba.

La guardia, al ver las llamas de más de diez metros de alta, decidió retirarse, pues aquello no habría quien lo parara ya.

Todo el pueblo rodeó aquel infierno, obligados por los soldados. Pero con el frío que hacía allí, se fueron acercando, más y más, a los libros.

Ese fuego no quemaba nada, mientras nuestra amiga saltaba más y más alrededor de todos.

Ya que vieron que se podían coger los libros.

Un monje que allí estaba con todos gritó:

¿Debemos coger todos los libros y enterrarlos en la cueva del olvido?

Era una cueva en la ladera de un río seco, a la que nadie se atrevía a entrar, porque allí se escuchaban lamentos que nadie entendía.

Y con el temor de que los cosacos exterminarán a todos, creyendo que ellos apagaron el fuego,

Así se atrevieron todos en fila, una fila larguísima de personas en las que todas colaboraron y los introdujeron en lo más hondo.

Conforme entraban, había una paz tremenda.

Mientras nuestra querida amiga seguía en la entrada de la cueva.

Así decidieron todos llevar hasta la plaza la cantidad de madera que seguiría ardiendo.

Para hacer la montaña de cenizas más o menos. Adecuada.

Mientras Samantha decidió ya marchar del pueblo con esa maravillosa biblia.

Y así todo se calmó y ella volvería, para poderla custodiar en su casa familiar.

Provocando así el fin de esa sangrienta guerra.

Enrique Nieto Rubio.

Derechos de autor. 

**Nati y su osito. (cuento)

 

Nati era una niña muy buena, y buena en los estudios y en la escuela.
Pero vivía bastante lejos de la ciudad y por allí no. Había amigas para jugar, así que los fines de semana los dedicaba a su viejo osito que nació con ella, y jamás se separaban.
Por las mañanas, le leía cuentos a su osito, pues en la cama era donde mejor estaba.
Y su mamá siempre le traía galletas.
Más cierto es que se lo pasaba maravillosamente.
Pues este cuento decía.
En un prado muy frondoso, corría un osito pequeño con una linda niña de trenzas doradas.
Saltaban, se revolcaban por la hierba e incluso comían miel de las colmenas.
Siempre Nati estaba riendo en su cuento, pues se metía tan adentro de él que era vivirlo de verdad.
Cuando ya se cansaban, se sentaban a la orilla de un precioso arroyo de aguas cristalinas, y el osito atrevido se metía en el agua sigilosamente, mientras ella se tumbaba y descansaba.
Pero este oso nunca se cansaba, y con sus grandes manos, cogía el agua fuaaaa y la ponía chorreando.
Ella lo miró diciendo: "¡Te vas a enterar, oso!". Saltando encima de él y terminaban los dos revolcándose en el agua y riéndose a montones.

Ya, cuando atardecía, el oso se sacudía y la completaba de mojar, jajaja.
Así ella se quitaba su ropita y la ponía sobre unas piedras que la secaban muy pronto, pues esas piedras de tanto darles el sol hasta quemaban.
Ya cuando se secaba la ropita, se vestía y marchaban hasta su casita, donde estarían los dos, en su sillón, viendo la televisión.
Otro día, os contaré cuando Nati y su osito fueron a la feria y cómo lo pasaban, sííííí.
Enrique Nieto Rubio.
Derechos de autor.

domingo, 8 de mayo de 2022

**Enriquin le llaman sus papás, cuento.

Enriquín, así les llaman sus papás.
Esta historia es ficticia, pero muy dada a la realidad.
Este niño, de apenas tres años, es encantador y muy travieso.
Ya el primer susto, con solo un añito, se lo dieron a sus padres.
Se escondió tan bien que les llevó dos horas encontrarlo, en una casa no muy grande.
Ellos, asustados, supusieron que el niño abrió la puerta de la calle y se marchó.
Bajaron escaleras, subieron hasta el último piso, se asomaron por los balcones, un lado y otro, y nada; rebuscaron por la calle y tampoco.
Se cagaron de miedo, así subieron a la casa, después de tanto tiempo, para llamar a emergencias y el niño allí estaba sentado en el sillón, cabroncete el niño.
Miraron dónde se pudo meter, cuando ya se relajaron y solo encontraron la almohada de la cama del matrimonio, en medio de la cama.
Ahora, con tres añitos ya, aún es peor. Pues desde aquel fatídico día, no paro de putear a los padres.
Como os digo, se marcharon a un gran centro comercial, pararon en aquellos inmensos aparcamientos y, entre mirar si llevaba el bolso y el monedero, este se escapó de su lado, ellos mientras cogían el carro de la compra.
El susto fue morrocotudo.
No lo veían, había cientos de coches aparcados, se corrieron todo el aparcamiento en pocos segundos y nada, uno entró al centro comercial, se pateó todos los pasillos y tampoco; ya se vieron obligados a anunciarlo por los altavoces.
Pero fue inútil aquella vez.
El niño no apareció.
Miraron por las cámaras de vigilancia ya con la policía.
Y vieron a un hombre que desaparecía por la esquina de los exteriores del centro comercial con el niño de la mano, pero era tarde ya, pues desapareció del entorno del centro. La policía ya en Jefatura analizó las cámaras muchas veces, mientras lo buscaban por todas las calles y en los llanos cercanos.
Pero el día se fue.
A la mañana siguiente, mostraron la imagen a todos los trabajadores del centro, a ver si alguien la reconocía, pero nada; era horrible para los padres, que buscaron incansablemente, hasta por las noches.
Otro día más.
A las cinco de la mañana, algunos trabajadores que descargaban los camiones lo comentaron, y un chico que recogía los carros de todos los aparcamientos reconoció a este hombre; así se lo comunicó a su jefe y este llamó a la policía y estos a sus padres.
Ya todos juntos en las oficinas, este dijo: "Si se llama Antonio, es un borracho que siempre está por aquí buscando en los contenedores de la basura, y vive en una choza pegada a la carretera general que está cubierta de adelfas y se ve poco". Junto al puente,
La policía ha salido corriendo con los coches, y han retenido a sus padres allí, pues están demasiado excitados para que vayan.
En pocos minutos ya tienen todo cercado, y se han acercado a la entrada.
Llamaron a la puerta, que era de tablas; dijeron: "Antonio, puedes salir".
Este, sin más, abrió la puerta y dijo: "¿Qué queréis?".
¿Estás solo, Antonio? ¿No tengo a mi nieto conmigo?
¿Podemos verlo? ¿Sí pasar?
Así pasaron y allí estaba Enriquín jugando.
Se los llevaron a los dos al cuartel de la policía, y avisaron a sus padres que el niño estaba estupendamente, que vinieran a recogerlo.
Bueno, Antonio solo creyó que era su nieto, que a saber si lo tenía siquiera, pues su cabeza ya no está en sus cabales, aunque no es mala persona; todo fue un error de su enfermedad, y lo dejaron libre con cargos; era muy mayor.
Desde este día, este niño fue vigilado por sus padres día y noche, hasta la próxima, hangar que les haga...
Hoy salió bien, pero podría haber sido una gran tragedia.
Enrique Nieto Rubio.
Derechos reservados.
M.V.DD.IM.IM.

domingo, 13 de diciembre de 2020

**Cuentos de navidad, un pintor desastroso.



CUENTO DE NAVIDAD
Un pintor desastroso.
Enri se llama este amigo entrañable.
Toda su vida se la pasa pintando, desde el instituto.
No paró de pintar; se pasaba días enteros en el campo, en la montaña, incluso en la ciudad.
Él pintaba de todo.
Ha cumplido treinta años ya, y su cumpleaños es en diciembre.
Pero hoy es Navidad, y Enri se encuentra muy solo y en una tierra lejana.
Tiene tantos cuadros, que no sabe dónde ponerlos ya.
Hoy veinticinco de diciembre, en plena Navidad, paseando por un centro comercial, se ha encontrado en el suelo de la entrada un sobre; lo ha abierto y tiene una gran cantidad de dinero, y con el dinero unas fotos de carnet de una chica. Bueno, es una chica preciosa y se ha tirado con el sobre hasta las diez de la noche, por ver si su dueña aparecía.
Han cerrado el centro y se encuentra con las persianas bajadas y en mitad de la calle.
No sabe qué hacer; el frío se adueña de él y decide marcharse a su casa.
Solo piensa en lo mal que lo tiene que estar pasando esta chica.
En su casa, al sacarlo todo del sobre, se les han caído las fotos y una de ellas tiene un número de teléfono y pone María.
Ha llamado y ha dicho: "Buenas noches, ¿eres María?".
A ella se le notaba triste y como llorando.
¿Sí, dígame?
Me llamo Enri, y tengo unas fotos tuyas, que me he encontrado en el suelo.
Ella respondió: ¡Y el dinero no!
¿Qué dinero?
Oooof.
Que sí tengo el dinero, dijo Enri.
Si no me dices, ¿me lo devolverás?
Bueno, eso depende; si me prometes una cita, te lo daré, pero con cena y todo el día completo.
Bueno, si no tienes compromiso claro, pues si lo tienes, triste de mí; entonces que solo venga tu pareja.
Así Enri le dio las señas, para que fuera a su casa.
Pero nuestra amiga, María, estaba temerosa, pues no sabía quién podía ser; a lo mejor era un loco, y lo mismo la secuestraría.
A la mañana siguiente, Enri se levantó con ganas de pintar, y tomó una de aquellas fotos y en un gran lienzo comenzó a plasmar esa preciosa cara.
Se tiró todo el día plasmándola hasta conseguir la imagen perfecta.
Enri se ha asomado a la ventana y, enfrente, una chica mira su casa, pero no se atreve a llamar a la puerta.
Él ha abierto la terraza y la ha llamado, pis, pis; ella ha mirado hacia arriba.
Y él le ha hecho señas para que suba, y ella ya va más tranquila.
 tú eres María, claro, estás como en las fotos, por supuesto, guapísima.
Siéntate, sí.
María, le temblaba todo su cuerpo; él preguntó:
¿Quieres tomar algo? Ella, cortada, dijo: "No, gracias".
¿Bueno, vienes para quedarte todo el día o no?
Ella, muy asustada, dijo: "Es que yo".
Él la cortó diciéndole: "Bueno, si hoy no puedes, me lo deberás el día entero".
Ella, desconfiada, miraba a su alrededor, y tenía cantidades de cuadros en el suelo amontonados; todos eran preciosos, y vio uno que tenía un campo todo blanco de nieve, con una casita al fondo iluminada. Ese le impactó mucho, pues ella en otros tiempos, cuando era pequeña, vivió en una parecida a esa.
Él vio que sus ojos no paraban de mirar aquel cuadro. Y a su vez pensaba si le daría el dinero, pues era el sueldo y la paga de Navidad, mucho dinero.
Enri se levantó y cogió aquel precioso cuadro. Te gusta, ¿verdad?, pues te lo regalo.
Ella no supo qué decir, y cogiéndolo con las dos manos.
¿Él le dijo: "Me perdonas un momento"?
Sí, dijo ella, poniendo el cuadro en la mesa.
Entró él para el dormitorio, y entre ese lapsus de tiempo ella se acercó a un cuadro que tenía él, en un caballete tapado con unas sábanas, lo levantó y, viendo que era ella, se asustó y echó dos pasos para atrás. Y ya no se movió más.
Él salió del dormitorio con aquel sobre; ella, temerosa, cogió el sobre y no se atrevía ni a abrirlo.
Y sus ojos ya buscaban la puerta.
Él le preguntó: "María, no cuentes el dinero".
Ella contestó que si me lo has dado, es porque eres un buen hombre y estará todo.
¿No te digo, cómo puedo pagártelo? Pues ya lo sé, pero ahora estoy aterrada.
Bueno, yo no te he comido aún, jajajá.
Ella posó una leve sonrisa en su cara.
¿Quieres que te acompañe a tu casa? Ella dijo: No, gracias.
Así él le abrió la puerta, y ya ella se marchaba; él le dijo: "Un momento, te dejas el cuadro" y se lo dio.
Ella bajaba las escaleras como alma que persigue el diablo y tomó calle abajo, sin mirar siquiera hacia atrás.
No pensaba volver a verlo, pero durante todo el día sabía que había contraído un compromiso con él.
Contó en casa todo el dinero y estaba todo; así se fue al banco a ingresarlo, y quedó completamente relajada.
Se fue a la peluquería y se puso el vestido más bonito de todos. Tomó su coche y se fue temprano a casa del chico.
Así llamó al timbre y alguien contestó: ¿Sí, quién es?
¿Ella respondió: "Soy yo, María"?
¿Sí sube?
Él, al verla tan preciosa, le dijo: "Madre mía, ¿qué preciosa estás, y qué deseas?".
¿Bueno, vengo a pagar mi deuda con usted?
Bueno, si nos tuteamos será mejor, ¿y si te sientes incómoda, rompemos el trato?
Ella contestó: "¿Tú quieres?"
Yo para nada, un trato es un trato, y es todo el día, ¿sí?
—Siii —dijo ella.
Bueno, pues siéntate.
A ver, son las doce del mediodía, ¿qué prefieres, almorzar aquí en casa, o deseas salir a comer fuera?
Ella, lo cierto es que le pareció que no estaría muy boyante económicamente, lo que respondió:
Bueno, si quieres, comemos aquí, ¿sí?
¿Vale? —dijo él.
Él le puso la televisión en el salón y le dijo: "Prepararé la comida". "¿Qué deseas comer?"
¡Ay, no sé, lo que tú quieras!
¿Vale? Te sorprenderé, ¿carne o pescado?
Ella respondió: "¡Huy, carne!"
¿Vale, sí?
¿Así, Enri, se fue a la cocina y cogió el teléfono y al restaurante de abajo, que era su gran amigo, le dijo lo que quería, para dos, y él le respondió: "Dame veinte minutos y te lo subo?"?
¿Sí, gracias, Pepe?
Salió Enri y se sentó a su lado, y dijo: ¿Qué quieres beber?
Ella respondió: "¡Tendrías un buen vino blanco!"
¿Él dijo: "Sí, una solera que vas a alucinar"?
Se fue al frigorífico, y sacó una botella de vino, y en dos copas lo vertió, y lo paladearon, y ese aroma
a campo, que ella percibió.
Volvió a recordar aquella casa maravillosa en la que vivió en otros tiempos.
Un par de minutos más, llamaron a la puerta y él abrió; entraron dos camareros y, como en el mejor restaurante, les pusieron un chuletón con papas y les sirvieron a los dos.
Ella se quedó sorprendida de aquella atención y alucinaba.
Sus labios carnosos les brotaban esas gotitas de vino, que él desearía recoger con su lengua.
Así comieron hasta hartarse, y él le dijo:
¿Te apetecería una copa de helado?
Ella dijo: "¡Unnn, sí!"
Pero ya no cogía en su vestido.
Él la miraba comer y beber, con su delicadeza que ella portaba y cómo le gustaba.
Así tomaron ese exquisito postre, y se echaron en aquellos amplios sofás que él tenía.
Vieron películas y a media tarde, él le ofreció café, o lo que ella quisiera, y ella respondió:
Sí desearía un café, pues he comido como nunca y estoy que me duermo, ¡aquí tan a gusto que estoy!
Tomaron café y se fueron a dar un paseo por el parque…
Charlaron de todo y se lo pasaban muy bien.
Ya se hizo de noche, y terminaron frente al Corte Inglés, que estaba superiluminado con las luces navideñas.
Entraron al bulevar, pero ya un poco cansada, ella se echó un poco sobre él y él le bajó la mano por su cintura, en la que ella agradeció.
Pues ya en Navidad, entraron al restaurante y tomaron esta vez pescado, riquísimos, calamares con sus patitas y todo, y comieron maravillosamente.
Ella sabía que en casa solo le esperaba un lindo gatito, que seguro estaría durmiendo ya.
Ya salieron casi a las once y media, se fueron paseando tranquilamente, muy pegados, pues el frío era intenso.
Ya debajo de la ventana de ella,
¿Ella le dijo: "Aquí es mi casa"?
Él respondió: "Vaya, qué corto se me hizo el día; has cumplido tu compromiso". ¡Volveremos a vernos!
Ella respondió: "Sí, claro, me ha encantado estar contigo, me lo he pasado como nunca, pero a este día le falta algo, pues has hecho mucho por mí, jamás pensé que habría personas como tú".
¿Quieres una última copa de Navidad?
¿Sí dijo él?
Así subieron a su piso, y de frente él vio ese precioso cuadro que le regaló, colgado en la pared.
Ella dijo: "Bueno, ¿qué deseas tomar?".
¿Un brandy, por favor?
Ella le señaló dónde estaba el bar y dijo: "¡Sírvete lo que desees que vuelvo ahora, los zapatos me están matando!"
Así se fue a la ducha, y se dio una ducha rápida, y se puso un precioso camisón transparente, sin más.
Salió que cuando él vio ese hermoso cuerpo, que se trasparentaba detrás de las luces, se sintió frenético de pasión, que no se pudo aguantar, se puso de pie y comenzaron a besarse apasionadamente, que acto seguido terminaron en el dormitorio.
Haciendo el amor locamente, que en esta penumbra de las lámparas de la mesita les duró hasta las cuatro de la madrugada, en que, ya agotados, quedaron abrasados el resto de la noche.
Desde entonces, ya jamás se separaron y él la pintó decenas de veces y consiguió vender infinidades de cuadros, en los que ella le ayudaba también.
Y desde entonces, fueron de lo más felices del mundo, y
Todas las Navidades repiten aquellos maravillosos años y siempre enamorados. FIN

Enrique Nieto Rubio.
Derechos reservados.
IJ.ID.DO.O.IP.













































































































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domingo, 15 de noviembre de 2020

**Erasé en unos tiempos mágicos.

 


Érase, en unos tiempos mágicos, en un precioso bosque de hadas.

La vida era demasiado bonita, pues todas las hadas se lo pasaban maravillosamente jugando con los animales y la naturaleza.

Ellas jugaban también a crear nuevas especies de flores hermosas, flores gigantes nunca vistas.

Pues les encantaba esparcir por otras flores ese maravilloso polen creador de la vida.

 Así era durante millones de años: inviernos templados, primaveras cálidas, veranos otoñales.

Este mundo llegó a ser tan intenso, que ya no había espacio para nada.

Las hadas ya tropezaban con todo; no se podía volar, pues era tan intenso que la luz no llegaba al suelo, y esto ya era un problema para los animales de tierra.

Eso sí, las aves voladoras más grandes, como podían subir hasta las copas de los árboles, estaban encantadas.

Un día, una pobre tortuga que lentamente paseaba por la tierra, le dijo a un hada encantadora que sentada estaba, le dijo:

 hada, yo ya estoy muy mayor y me atranco con tantas ramas y raíces; ¿tú podrías ayudarme?

Claro que sí, ¿cómo no hacerlo?

Entonces esta hada comenzó a cortar raíces y ramajes, pero eran demasiadas, y ella solita no adelantaba mucho, y lo peor es que, como entraba poca luz, muchos animalitos enfermaban, y la tortuga no podía comer sano y le dolía la tripa mucho.

Así decide el hada viajar hasta el palacio de las hadas; eso sí, le costó muchísimo y llegó a romperse una alita, pero consiguió entrar por la ventana de una de aquellas torres del castillo, que era inmenso.

Pero qué pasó, que aun entrando al castillo, no podía hablar con el hada reina. Pues tenía que pedir audiencia y eso llevaría algún tiempo…

Pero esta hada joven empleó una contraseña.

Que era la de usar las emergencias en alerta roja.

Y eso era allí muy importante, pues quería decir que su mundo se empezaba a morir.

Los soldados hadas la escoltaron hasta el hada reina, y entonces ella, allí tan pequeñita, el hada reina le dijo seriamente:

¿Espero y sea importante, pues no estamos para chiquilladas?

 Ella respondió: ¿Majestad, pasa que este mundo se muere, los animalitos de a pie ya no pueden caminar, pues no queda espacio para andar?

¿La luz ya no entra hasta el suelo, y están enfermando todos, y limpiar los bosques es imposible, pues no queda espacio para nada, y muchas aves, incluso nosotras, chocamos con todo y nos hacemos mucho daño?

—Uf —dijo el hada reina—, pues no sé qué podemos hacer. Reuniremos al consejo y, en el transcurso del día, te mandaremos llamar, así te quedarás a comer con nosotras y dormiremos la siesta.

La citaron a las cinco de la tarde; el hada estaba preciosa, con sus alitas repuestas.

El veredicto es que este mundo está saturado de follaje y hemos decidido que iremos a la Tierra y nos traeremos una pareja de dinosaurios para repoblar el nuestro y los esparciremos por parejas por todos los reinos.

Así fue como metieron unos dinosaurios grandísimos, que después sus hijos jugaban con el hada por todos sitios y la tierra se fue aclarando.

Y como comían mucho verde, ya entraba la luz por todos sitios, además de hacer grandes corredores con sus robustos cuerpos, y así su mundo volvió a sanar.

Enrique Nieto Rubio.

Derechos de autor.

IV. DODO. P, VA.


domingo, 30 de agosto de 2020

**Maylin una niña vagabunda en China, cuentos.

 


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Mailing, una niña vagabunda en China.

Ya hace muchos años en China, a la espalda de un mercadillo junto al río Citarum, había un asentamiento; allí vivía una niña llamada Mailing. Ella, con cinco añitos, fue abandonada o perdida, no se sabe.

 Los asentamientos irregulares están en 1 108 sitios del país | El Comercio

Ella, entre otros pequeños, todos los días se marchaba y rebuscaba en un mercado, recogiendo todo cuanto se podía comer, y siempre había algún tendero que les daba de vez en cuando el pescado que no se vendía o frutas algo maduras.

 -Pero era bien recibido todo, pues había allí muchas personas mayores que ya no podían apenas moverse, y después todo se repartía entre todos, y así iban pasando los días.

 Apetito chino por animales salvajes probablemente sobrevivirá al  coronavirus - La Tercera

Mailing seguía creciendo y los años con ella, pues era una niñita preciosa.

Ya con catorce años.

 Uno de sus vecinos, que a él le gustaba mucho, encontró como un mantel de tela detrás de una tienda y se lo llevó. Le hizo un agujero en el centro y se lo puso por la cabeza a ella, y le sacó las mangas y un viejo cinturón que tenía y se lo puso; la verdad es que le quedó un vestido precioso. 

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Mailing se dedicó a limpiar los puestos y sus propietarios le pagaban poco, pero ella seguía y cada vez iba cogiendo más puestos, y todos los tenderos estaban encantados con ella; así pasaban los años y ya tenía todo el mercado a sus pies.

 

Con el tiempo, fue intimando con todos y, sobre todo, con una pescadera; era ya muy mayor, y Mailing la ayudaba en todo, que hasta la acompañaba a su casa. 

Un día la mujer le dijo: ¡Mailing, te gustaría quedarte conmigo en el puesto? Te enseñaría a vender pescado; sé que tú eres muy inteligente y honrada".  

¡Qué dices!

¿Hay me encantaría sí, muchas gracias?

Abuelita china enseña a sus vecinos artes marciales y paraliza las redes |  En el Radar

Así, al día siguiente, marcharon las dos al mercado y juntas despacharon todo el día.

 

Ella ya se fue comprando su ropa y más adelante se quedó con esta señora en su casa a vivir.

La anciana le dijo: "¡Tienes que ir a dar clase, pues tienes que saber leer y escribir!". 

Te pondré un profesor por las tardes, ¿qué opinas?

¿Sí lo haré, gracias?

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Así que la chica dedicó todas las tardes a estudiar, y un día la anciana, So Culi, le regaló el puesto, y repartieron a medias, aunque esta señora no necesitaba dinero, pero así la haría más responsable.

Contributions to the tribute of Luz M. Marlin | Paul W. Harris Fune...

Mailing la cuidaba como si fuera su abuela, y siempre estuvo a su lado, mientras las mañanas las dedicaba a la venta de su pescado.

Ella, de vez en cuando, arrimaba dinero a todos sus amigos en las chabolas, que eran como de su familia. 

Ya de más mayor consiguió cuatro puestos más, de personas que se jubilaron, y los iba comprando uno a uno, y poniendo al frente a amigos suyos, y todos los negocios iban estupendamente.

 Llegando a ser muy rica, y terminó casándose con el chico del mantel, que también lo puso al frente de los negocios, pues era muy inteligente.

15 cosas que NO debes hacer viajando por China

Poco a poco consiguió demoler todas las chabolas y construyeron, al lado, una barriada de casitas unifamiliares, donde terminaron todos los vecinos.  

 Enrique Nieto Rubio.

Derechos reservados de autor.




jueves, 6 de agosto de 2020

**Marionetas de circo. (cuentos).



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Marionetas de circo, Enrique, cuentos.


Yusepe y su esposa, Rosenda, eran una pareja que mostraba sus marionetas en los circos toda su vida.  

Viajaron por todo el mundo.

Viajaron por los caminos de España durante toda su vida. 


Ellos vinieron de Italia siendo muy jóvenes e inexpertos, en el circo de las marionetas, y poco a poco, consiguieron ser los números uno en todo el mundo.

Hoy los han encontrado muertos, en Córdoba, en la calle, mucho trigo, a los noventa y cinco y noventa y seis años, solos en su casa.

Se los han encontrado en la misma cama.

Solo el olor de sus cuerpos los ha descubierto. 

Los bomberos se los han llevado al tanatorio.

Cierto es que no tenían contacto con nadie desde hace cinco años, ni los vecinos siquiera.

Los han enterrado en el cementerio municipal de la ciudad. 


Cuando se llevaban sus cuerpos,

Ellas, las marionetas, una pareja así, mayorcitos, y esta marioneta de esta niña y un chico en la cama.

Se han asomado por una vieja ventana, en el ático de la casa.

Un espectador, un chico de quince años.

Vagabundo de la ciudad, que aunque pobre era, siempre fue un chico maravilloso, pues ayudaba a todas las personas mayores del barrio. 

Él  conocía a esta pareja fallecida, pues más de una vez les compraba la comida y se la daba a través de las rejas de la casa.


¿Pero un día, preguntó a otro vecino por ellos, pues nadie salía a la ventana, y otra vecina le dijo: "Que se fueron, con una prima, que vino de Italia"?

Este chico no ha dicho nada, pero ya tiene intención de averiguar quién está en esa casa.

Ya llegada la noche, ha saltado por la ventana, de arriba, de la casa, y sigilosamente, ha subido la escalera de la guardilla, viendo que algo se movía, asomadas a la ventana, supongo que esperando que sus padres aparecieran. 


Dani, con su linterna, les ha apuntado y los tres han vuelto la cabeza y Dani se ha sentado de culo en el suelo del susto.

Pues no podía creer que tuvieran vida.

Se le ha roto la linterna; Dani pregunta:

¿Quiénes soy?


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¿Somos marionetas, no nos ves, y esperamos que nuestros padres vengan?


Dani, muy triste, se sentó en el suelo, debajo de la ventana, y junto a ellos, solo un rayito de luz que entraba por la ventana de una farola lejana.

Dani alargó entre sombras la mano y alcanzó a los tres.

Él le contaba lo que había pasado, cosa que ellos no entendían bien.

Ellos muy tristes, aunque no podían llorar su tristeza, pues carecían de lágrimas.

Se tiraron toda la noche hablando los cuatro, bajo una vela que Dani había encendido.


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La marioneta mayor, que era este abuelito, le dijo a Dani.

¿Hace muchos años que no vamos de ferias y, si no vamos, el espíritu de nuestros padres morirá con nosotros?


¡AH, sí! Que le pidieron a Dani, que si quería ser su mánager, pues necesitaban a un humano que sirviera de portavoz en este mundo, regalado a ellos.

Dani aceptó ser su guía por todas las ferias del mundo.

Así fueron por todos sitios; aunque las marionetas bailaban y representaban historias preciosas de toda clase, nunca tuvieron cuerdas y, aunque todos se preguntaban cómo era eso, jamás se divulgó nada. Dani siempre dijo que era un truco de magia.








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Cuando terminaban las funciones, ellos cuatro paseaban por el recinto ferial, sin que los viera nadie, junto a la luz de la luna y a veces por las calles de la ciudad, pero encima de sus hombros, que todo el que los veía se asombraba, pues ellos miraban hacia todos lados; esto sería también un reclamo para su circo.

Fin. 

Enrique Nieto Rubio,

Derechos reservados de autor.

Colabora en imágenes.

 Silvia Regina Cossio Cámara.





**El hombre de las muñeca de porcelana. (cuentos).

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En un pueblecito de Andalucía, cerca de la montaña, con cara de persona. 

Vivía un humilde maestro de escuela.

Este hombre era la mejor persona.

que uno pueda conocer. Siempre estaba, para cualquier persona, en su pueblo.

Su esposa era una maravillosa mujer, que siempre se dedicó a ayudar a personas desvalidas.


Tenía siete años menos que su marido. Hermosa y preciosa mujer.

Un día, ella empezó a sentirse algo mal, que paseando por el paseo del pueblo un domingo,

Cayó desvanecida en el suelo; su esposo iba detrás con un perrito, caniche blanco que lo adoraban.

Días antes, paseando por el centro del pueblo, allí en la esquina, cerca del estanco, hay una preciosa tienda de un anticuario, que

El Indio, carrer del Carme, Barcelona - Catalunya.- by Andrzej Koliba  (desapareguda)

En el mismo momento de pasar por el escaparate, el tendero ponía una preciosa muñeca de porcelana. Ella la vio de refilón y le pareció que la muñeca iba mirándola mientras pasaban el escaparate. Ella se frenó y volvió sobre sus propios pasos.

La muñeca quedó como la vio al desaparecer ella por la esquina.

Le dijo a su esposo: "¡Quiero esa muñeca, regálamela!".

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Y él dijo: "Como no, lo que tú quieras, mi cielo".

Ellos no podían tener hijos y quizás por eso, para él, sus hijos eran sus alumnos de clase.

En este día nefasto para los dos, don Francisco corrió a recoger a Lucía del suelo y la llevó al hospital; a las pocas horas ella falleció en él. Un maldito derrame cerebral acabó con su vida.

Ya en el pueblo todos los vecinos les velaron; la multitud fue tremenda, que hasta de los pueblos limítrofes estuvieron con ellos.

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Él, desde entonces, estuvo muy triste, le cambió el carácter y entró en una depresión tremenda.

Ya, con 55 años, para él su vida ya había acabado.

Se dio de baja y jamás volvió a trabajar.

Pocos años después se jubiló, y ya solo salía de casa alrededor de su jardín, con su perrito.

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Que se tumbaba cerca de la puerta, tomando el sol de la mañana.

Don Francisco se sentaba en su silla y de ahí al sofá, viendo televisión y hablando con

Aquella preciosa muñeca de porcelana, dedicándole todo él.

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Tiempo restante y le enseñaba.

Matemáticas, lengua e idiomas como si fuera una de sus alumnas de escuela.

Así, se pasó los siguientes años, y para él ya esa muñeca, era como una persona para él,

A los 68 años, el Alzheimer se apoderó de él y empezaba a recaer.

Él, hablando con su muñeca y con lágrimas en los ojos, le dijo a la muñeca:

¿Si fueras de verdad, me ayudarías, pues ya no puedo más? Esto era en Navidad.

Cuando de pronto esta muñeca empezó a tomar vida, ella, sentada en el mueble del salón, se levantó y se dirigió hacia él que tenía en


Resultado de imagen de postal de mujer con cara de muñeca

Esos momentos, los ojos cerrados, le puso la mano en su hombro y le dijo: "¿Cómo te sientes?". Él levantó la cabeza creyendo que era su esposa, y no sabía si era realidad o deliraba en su demencia.

Unos años más tarde, ya él no reconocía nada de su vida ni de su casa.

Ella adoptó una personalidad.

De una chica enfermera que le ayudaba y cuidaba a don Francisco. 

Pero ella se sentía presa de aquella casa, tan hermosa, educada y sexy que era; decidió ingresarlo en una residencia de ancianos, diciendo que ya no podía con él.


Ella mentía, solo quería vivir el momento, y conoció al farmacéutico que les tiraba los tejos, pues era un chico guapísimo.


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Se fueron de bailes; ella consiguió toda la fortuna de él y comenzó su vida loca.

A los quince días después, él entra en coma profundo; solo soñaba ya con su querida esposa.

Mientras se moría.

Su linda muñeca se lo pasaba maravillosamente, que hasta se casó con este chico y de viaje de luna de miel se fueron a la playa. 

Ella nunca pensó que era creada de la imaginación de don Francisco, y en este mismo momento, que don Francisco moría, ella se desvanecía cayendo por el acantilado al vacío. 

El marido pidió ayuda a las autoridades, que poco tardaron.

Bajaron y, junto al agua, en la orilla del mar, solo encontraron una preciosa muñeca, con la cara de porcelana partida en dos. 

A ella la dieron por desaparecida; supusieron que el mar se la llevó. 

FIN.

Enrique Nieto Rubio.

Derechos de autor. .

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