
Hoy, como todos los años, celebramos este día de Navidad con toda la familia y nos vamos a un mesón o restaurante.
En el centro (en la plaza de las cañas), todos de traje, muy guapos.
El caso es que íbamos mi hijo Kike y yo andando; casi llegando, les llamaron por el móvil.
¿Tengo que volver?
¿Vale? Yo seguiré andando.
Así pasó: cuando llegué al punto de reunión, había muchísimas mesas llenas de personas.

Yo buscaba a mi familia, pero no los veía; volvía a repasar mesa por mesa y nada. Entré al mesón y tampoco, anduve hasta la plaza de la Corredera y tampoco había nadie. Una niña pequeña se me pegó al lado, no paraba de hacerme preguntas y preguntas, mientras yo seguía andando calle arriba, calle abajo y nada.
De pronto, policías corriendo en todas direcciones; perseguían a todos los que ellos creían terroristas o qué sé yo.

Y subiendo la espartería, la niña seguía charlando conmigo y le dije:
Niña, ¿qué te vas a perder? Vuélvete con tu familia, anda.
Me tenía de los nervios, después de este lío, que yo no entendía, subía calle arriba una de estas policías y le dije:
¿Perdone, esta niña lleva ya dos horas pegada a mí y no sé si se ha perdido?
Ya por fin la policía se hizo cargo del tema y me relajo un poco, pero era tan tarde.

Decidí llamar a mi hijo Kike:
Oye, ¿qué pasa? ¿Dónde estáis?
“¿Quién eres?”, me dijo.
Yo, tu padre, ¿quién va a ser? Os estoy esperando todo el tiempo en el mesón y nadie habéis venido. ¿Qué pasa?
“Mesón, qué mesón y por qué”.
¿Niño, hoy celebramos aquí el Día de Navidad?
“Navidad, pero sí estamos en agosto. “”

A ver, espera, ¿qué pasa, un agente?
Oiga, señor agente, disculpe, pero estoy algo liado con el día de hoy. ¿Me puede decir?
Si hoy es día 25 de diciembre de 2018,
Gracias, ¿lo has oído?
“Hoy es día dieciocho de julio de 2029”.
Venga ya, entonces, ¿qué está pasando? Ven a recogerme, estoy cansado y perdido.

Y se cortó la llamada.
Decidí llamar a María, su novia, mi nuera:
“”Si “”
¿María, venir a recogerme? Ya estoy cansado de esperar.
Estaba con Kike y mi esposa en casa.
“Pero dónde estás”
En la corredera, al instante se puso mi esposa y gritando me respondió:
Déjese ya de bromas, que mi marido murió hace 10 años, hombre.

Le dije: “”“” ¿Qué cobraste el plan de pensiones mío y el seguro de vida, jajajajaj? En broma, seguro que has vivido muy bien a mi costa, ¿verdad, ja,,,?
Y me quedo sin batería, y se cortó el móvil.

Bueno, entendí que algo pasó con los tiempos, pero yo estaba aterrado. Me saqué la cartera y, al abrirla, saltó todo el fajo de billetes, que era lo único que tenía, por el aire, y cuando quise cogerlos, tropecé con el bordillo, cayendo al suelo, y viendo que todo el mundo se lleva todos mis billetes.

Mientras yo gritaba:
¿He, ladrones, devolverme mi dinero, ladrones?
De pronto paró un coche, que casi me arrolla, y se bajó un muchacho.
“Venga, levántate, te llevaré a casa”.
Yo miré hacia arriba y dije:
¿Eres tú, Kike?
“Si sube al coche”
Entré en la parte de atrás y enfrente estaba MARÍA.
¿María, cómo estás? ¿Has venido a recogerme?
Volviendo la cara, me dijo llorando:
Pero estaban mucho más mayores, más mujer y preciosa:
¿Ufufu y estos niños?

Son tus nietos.
¿Qué preciosos, cómo te llamas, guapa?
Valeria.
¿Y tú?
Con voz tímida me dijo:
Guillermo.
Bueno, pues ya somos dos Kikes y un Guillermo, ¿qué guapos son?
Mi hijo Kike me dijo:
“Te llevaré a casa”.
Entraba el coche en una gran casona de estas americanas y yo le dije:

¿Este qué sitio es?
“Tu casa, papá, tu casa
¿Y aquí he vivido yo, no la recuerdo?
“No, papá, tú ya no estabas entre nosotros; esto es lo que no entendemos, apareces de la nada, más joven para estos tiempos.
¿Este tiempo que pasa?
¿Y entonces qué hago yo aquí, cómo pudo pasar, si ayer celebramos la Navidad y hoy van diez años más, no sé?
Mi nuera seguía llorando.
¿A Kike: fueron las personas, aquella al planeta Marte?
No, cuando la nave fue a entrar en su atmósfera, murieron todos.
Llegamos y entramos en la casona; había muchísimas personas. Pregunté:

¿Quiénes son?
Nada, ya te explico. “”
Al fondo del todo había una mesa donde estaba mi familia, mi hijo Rafa, el más chico, que estaba muy grande ya.

Mi hija Verónica, con sus lindos hijos, muy grandes también, mi yerno muy bien arreglado y mi esposa sentada en su sillón, me dio tanta alegría ver a una familia tan hermosa, que lágrimas cayeron de mis secos ojos.
Me acerqué a mi linda esposa, que por su edad algo perdida estaba, y le dije:
¿Cómo estás?

Hay… bueno, regular, ¿y tú quién eres? “”
Yo no sé, quizás un fantasma del pasado, je,,,,,,?
Cuando terminé de besar a toda la familia, que todos estaban llorando,

Mi cuerpo se fue desvaneciendo lentamente, hasta desaparecer.
Enrique Nieto Rubio.
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Colabora en imágenes.
Silvia Regina Cossío Cámara.
A.DV.DOYV.M.OO.98.
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