domingo, 6 de julio de 2014

**Cuento de Hadas.

Sakura. Era una princesa desterrada por su padre, quien la obligó a abandonar el castillo, esto debido a que los consejeros del rey le contaron que ella había filtrado secretos de palacio a un mercader... poniendo así a todo el reino en peligro.

Pero lo cierto es que las delatoras fueron las hadas, quienes decidieron perjudicarla por el sentimiento de envidia que les embargaba, pues la princesa era la más bella del reino... o al menos eso fue lo que le comentó el duende Chillón; pues os advierto que este duende es un lioso y tremendo embustero.

El caso es que el rey la ha desterrado para siempre. Así pues, la joven se vio perdida en el bosque y bastante asustada... pero igual llena de odio, por lo que le habían hecho.


El duende continuó haciendo el mal, pues gustaba pasear en las noches, visitaba el pueblo e iba crispando a todos los vecinos, hasta que se armaba una buena; pero nadie se daba cuenta de lo malo que era. Así sucedió durante muchísimos años.


La princesa Sacura, con deseos de venganza, se hizo un arco con flechas y se fue de caza. Se adentró en el reino de las hadas para darles muerte a todas, y así comenzó la cacería.

Las perseguía por todos sitios, y poco a poco se iba deshaciendo de todas. Las hadas no entendían lo que estaba pasando, ni el porqué de aquella cacería. El bosque se encontraba teñido de sangre azul por todos sitios, y las hadas, aun así, jamás hicieron mal a nadie.


Todos en el bosque estaban sufriendo mucho, por lo que las hadas decidieron realizar una reunión, y acordaron buscar un emisario para que dialogara con la princesa, que para ese entonces se encontraba amargada y rencorosa.

Hasta que todo este embrollo estuviera resuelto, se dio la alarma de que ninguna hada saliera de paseo por el bosque; pues era demasiado peligroso, mientras la princesa siguiera utilizando su arco y flechas en contra de ellas.

El emisario buscó a la princesa durante bastante tiempo; mas era ardua tarea, pues el bosque se hizo muy denso, por lo que era casi imposible ubicarla.


Al anochecer, por fin, en una hondonada se vio un fuego lejano y hacia allí se dirigió el emisario; pero como era peligroso, no quiso arriesgarse, por lo que decidió asaltarla en la oscuridad, mientras la chica dormía, para atraparla con un casa sueños... y así lo hizo.

A la mañana siguiente, cuando alumbró el día, el emisario interrogó a la princesa por los crímenes cometidos.
¿Dijo:
-Soy el emisario de las hadas y quiero saber por qué estás matando a las hadas.


¡Ella respondió!:
¡Las hadas me difamaron por envidia, diciendo a mi padre que yo lo traicioné, y todo a causa de mi belleza! Eso me lo contó el Duende Chillón.

-No es cierta, princesa, las hadas jamás hacen daño a nadie; ¿cómo se te ocurre ni siquiera pensar en eso? Parece mentira que no os deis cuenta de que el Duende Chillón es un embustero, que solo busca crear discordia y conflictos.


¿Acaso los humanos no aprenderéis nunca?


La princesa se percató de su grave error y, lamentándose de lo que había hecho, se echó a llorar... solo deseaba morirse por todo lo ocurrido.


Así, arrepentida y desconsolada, fue detenida, hasta el momento en que el consejo de hadas decidiera qué hacer con ella.

Durante muchas horas, ante el consejo, las hadas decidieron su veredicto, el cual sería encerrarla en su castillo, pues la princesa había ocasionado mucho dolor.


La noticia llegó a oídos del rey, quien, arrepentido por lo sucedido, mandó arrestar a todo el consejo por este hecho tan trágico para él... de forma tal que, para la próxima ocasión, se enteraran bien de los comentarios que se vertían e investigaran antes de levantar acusaciones falsas.

También ordenó buscar y dar captura al duende, y este, al verse atrapado, al momento de la condena, suplicó al rey su perdón; y a cambio devolvería a la vida a cuanta hada la princesa hubiese segado la vida.

Con el consentimiento del rey de los duendes, quien se comprometió a que haría el hechizo para devolverles la vida a todas las haditas, el rey aceptó el trato... más no sin antes hacerle prometer al Duende Chillón que jamás liaría a nadie más en todo el reino; pues en su mesa había infinidad de documentos de todos los conflictos creados entre los ciudadanos.

Sin embargo, la princesa, aún abrumada, decidió dejarse morir de hambre y de pena.


El rey se presentó frente al consejo de hadas para suplicarles que su hija, la princesa, fuese liberada, pues esta se encontraba muy enferma. Ellas aceptaron, pues el daño había sido reparado, y siendo así, su detención no tenía más sentido.


Así pues... la liberaron y la princesa decidió vivir junto a las hadas, a quienes les dedicaba todo su tiempo. Las bañaba, peinaba y arreglaba, para que siempre estuvieran lindísimas cuando marchaban de paseo.


Así pasaron los meses; de nuevo la alegría y paz se respiraba en todo el bosque y en cada habitante de la región, pues los tiempos de terror habían quedado atrás. 

La princesa, de igual forma, logró curar las heridas de su corazón, y volvió a ser la joven dulce y generosa de antaño.


Un buen día de primavera, apareció un hermoso príncipe, montando un bello corcel, quien inmediatamente se enamoró de la dulce princesa... y con quien al cabo del tiempo se desposó, y fueron felices para siempre.



Colorín colorado, este cuento de duendes y hadas a su fin ha llegado.

Moraleja
¡No debemos dejarnos llevar por chismes, porque en ellos casi nunca prevalece la verdad!
Enrique Nieto Rubio
*Derechos reservados*
Colabora en imágenes.
 Silvia Regina Cossio Cámara.

martes, 1 de julio de 2014

**Regreso de la muerte.





Ya por fin regresé.
 Para que te vengas conmigo, 
Pues yo seré tu destino.
 Mi fiel y noble, tú, mi amigo.

Te colmaré de descanso.
 Paz y armonía;
 Disfrutarás como nunca jamás.
 ¿Has experimentado en la vida? 

Mira, sí, bueno, seré.
 Que te daré mi amor eterno. 
Sin importar que vayas al infierno,
 Allí contigo estaré. 

Mira si seré bueno.
Que cuando muy cansado estés,
Te ofreceré sin reparo mis manos.
 Para poder mecerte. 


Si exhausto me pides de beber,
 Toda el agua te brindaré...
Y aunque los inviernos sean largos,
 Arropadito te tendré.

Si te sientes aburrido, 
A lo largo de este caminar, 
No te preocupes, amigo.
 Que por siempre te haré llorar.

Te llevaré conmigo.
 Para después otra alma ir a buscar;
Y así viviremos juntos. 
Con la muerte por detrás. ¡Jajajá!

Bien sabes, amigo, que de mí...
 Imposible te será escapar.
Te encontraré cuando yo quiera.
 y sin que me importe tu edad. 





¡Que no se te ocurra reírte!
 De este escrito nomás...
¡Que si te burlas, me enfado!
 ¿Y de ti... puedo tirar?


Enrique Nieto Rubio
*Derechos reservados*
Colabora en imágenes.
 Silvia Regina Cossio Cámara.

viernes, 20 de junio de 2014

**Entre gladiolos.

 
En el New Time, se publicó un comentario de unos gladiolos gigantes de más de dos metros; los había descubierto el espeleólogo y botánico don Daniel Bloctersr.

Este ha mandado por mensaje este hallazgo, pero solo se sabe que ha sido en Centro África, mas no se ha sabido más nada de él.

Ya hace un año, y sin noticias de él... Se cree que ha sufrido un accidente.

Jonathan Wyeth Brandon, un multimillonario de dudoso patrimonio, afincado aquí en Manhattan, ha decidido hacer un grupo de expedición.

Este tal Brandon lleva una cámara para grabar todos los acontecimientos, y un redactor... ese soy yo.

Ha contratado en África este grupo de expedicionarios formados por diez personas; los he buscado para que no tengan ataduras con nadie... mas no se sabe por qué han hecho una parada en una aldea al norte de Camerún.
Esta tiene una gran montaña muy alta; este grupo se ha metido por una gruta en la montaña, siguiendo los pasos de Daniel Blocker.

En esta montaña, dicen los de la aldea que se les vio por última vez; más nadie de esta aldea se atreve a pasar por esta cueva.

Pero estos contratados que lleva Brandon son de otro sitio y no saben nada, pero alguien se lo ha comunicado, de este poblado. Les han dicho.

¡Nadie salió de aquí jamás!

Y se han cagado, vamos con mucho miedo; se ha corrido el rumor y la cosa se ha puesto fea, muy fea.

Nos hemos adentrado en la oscuridad de esta cueva, cerca de cien metros; con sus antorchas encendidas, se divisa en el techo unos enjambres de murciélagos y vamos con mucho sigilo.

Aunque el terreno es muy accidentado y con muchas raíces, hemos tardado muchas horas en salir de allí.


Ya en la salida es de noche, mas como no se ve nada, decidimos acampar en este sitio; no se oye ni un alma, nos echamos a dormir con un vigilante solo.

Ha amanecido, pero hay dos muertos; nadie sabe qué ha pasado, creen que les ha mordido una serpiente... Ni se han enterado; el nerviosismo ha empezado con la mañana.

Se han adentrado en una gran selva, con matorrales tremendos, un gran espesor de plantas; van haciendo un camino con los machetes, caminando todo el día. Han encontrado un camino; se supone que es el camino de Daniel Bl
octer.
Han decidido seguir por este sendero; se están aproximando a una zona con un olor extraño, algo fuerte, como si fuera amoniaco. Casi no se puede respirar, pero no pueden abrirse paso por otro sitio; hay muchas zarzas.

Han seguido sin parar, están asustadísimos; uno ha intentado huir para atrás, pero Brandon le ha pegado un tiro con su rifle, ha dicho que ya no hay marcha atrás y al que huya lo matará.

Este sendero está plagado de serpientes; por encima de ellos, en todos los matorrales y árboles, han aligerado el paso. Ya parece que se abre el camino un poco; han decidido acampar; ya es de noche.

Ha amanecido, todo está en silencio a expensas de los monos curiosos que no paran de gritar.

La selva es cada vez más tenebrosa; Brandon va. A la cola de la expedición, ha perdido tres; quedan cinco más nosotros dos. Yo que escribo y el cámara, la verdad es que yo soy un poco ambicioso también, pues este descubrimiento vale muchísimos millones de dólares.

Llevamos tres semanas; ya los hombres están cada vez peor. Mosquitos tremendos nos están atacando día y noche. Nosotros tres estamos en una tienda de campaña muy bien resguardados, pero ellos no.

Este hombre no tiene escrúpulos de ninguna clase; ha amanecido, solo quedan dos... los otros han muerto de grandes fiebres y estos dos están muy mal; no podrán seguir. La cosa se ha puesto muy fea; Brandon ha cogido el rifle y nos está apuntando.

Nos ha pedido que llevemos los aparejos de él, y nos lleva a punta de pistola. El camino ha desaparecido, todo es de zarzas grandísimas, con unas púas de más de veinte centímetros... Estas están envenenadas.

Nos ha obligado a hacer el camino. Esto es inmenso, da pavor de solo continuar por él; ya no nos podemos ni dar la vuelta, pues el camino se cierra otra vez.

Estamos muertos, no podremos volver seguro. Pero Brandon está como loco, se ha pinchado... tiene los ojos endemoniados.

Hemos cambiado de zarzas; estas parecen un poco más cortas, pero igual de finas. Estas zarzas están a la altura del hombro, pero sus púas tienen forma de una estrella de cuatro puntas, lo que lo hace más peligroso.
Nada más hay como cincuenta metros a todo alrededor; ya no hay árboles ni matorrales, solo zarzas. A lo lejos y poniéndose un poco de puntillas, se ven unos gladiolos tremendos de altos, son cerca de cuatro metros, pero hay que abrirse paso por las zarzas.

Ya la avaricia se ha apoderado de Brandon; este ha comenzado a dispararnos. Yo he conseguido huir, pero ha matado al cámara.

Me he escondido agachado en el suelo; como me vea, me matará también. Brandon, con su locura y el machete, se ha abierto paso por las zarzas, pero está corriendo demasiado, haciéndose heridas por todo su cuerpo; yo le sigo agachado sin que me vea.
En su agonía por llegar, ha abrazado a los gladiolos y, al zarandearlos, estos han posado todo su polen y semillas sobre él, y ha empezado a gritar.

Están germinando las semillas, por todas las heridas de su cuerpo, saliéndole las raíces por la boca, oído, nariz y ojos; estas raíces están brotando con hojas, ¡es horrible! Está muriendo lentamente.

La planta lo ha levantado a un metro sobre el suelo, con los brazos en cruz, mirando hacia el cielo, ensangrentado; jamás en mi vida he visto más horror.

He huido de allí como he podido; no sé cuánto tiempo he tardado en salir, pero el caso es que me he despertado en la salida de esta montaña, delante de toda la tribu.

Estoy ensangrentado por todo el cuerpo, con gran fiebre y arrastrándome por el suelo.

Ellos me han recogido y me han curado; a los tres días me he despertado, estoy bien, pero he decidido publicar en el New York Times que los gladiolos son un mito, que no existen.

Enrique Nieto Rubio
Derechos reservados.
Colabora en imágenes.
 Silvia Regina Cossio Cámara.

martes, 17 de junio de 2014

**La niña del Inglés.




Un inglés adinerado se había llevado a su hija, de Gibraltar, en su barco. 

Vivía con su mamá, pues ellos estaban separados; él le dijo:
¡Me llevaré a la niña a dar una vuelta!
Pues era bastante cabrito, por llamarlo de algún modo. 
Años atrás, antes que naciera la niña.
Este hombre llegó un día borracho de la playa; había estado tomando de todo, con unas chicas que se lo daban todo. ¡Claro, tenía pasta entonces!
Cuando llegó a casa, le dio una gran paliza a su esposa, quien estaba en estado en ese momento. Los golpes fueron tan fuertes que tuvieron que ingresarla al hospital con hemorragias.
Los médicos informaron que en las próximas seis horas, posiblemente podría perder al bebé.
La mujer lloraba desconsolada. Ella era una chica andaluza de diecisiete años; de familia humilde... pero del barrio más bonito de Córdoba.
Pronto percibió como si alguien le dijera que se tranquilizara... ¡Era la niña que tenía dentro!
El tiempo transcurrió y la princesita nació. Después de esto, ella se separó del bruto del esposo.
Pues la niña, cada vez que lo veía, siempre lloraba... nadie sabía por qué.
El hombre no se quedaría de brazos cruzados, y como era muy astuto y listo, buscó a los mejores abogados de Inglaterra.
Estos ingleses, a los españoles, no nos pueden ver y se rigen por sus leyes. En Gibraltar, el abogado le dijo a él:
¡Hasta los ocho años, no te la podrás llevar!
¡Ella no sabía nada!
Esto había sido redactado en un documento, cuando la chica estuvo tan delicada de salud. Le había hecho firmar, sin que ella fuera consciente. 
Al leerlo, salió corriendo; era tarde ya... La chica no se explicaba cómo había firmado, o en qué momento había sucedido eso.
El malvado de su marido ya estaba muy lejos.
Ella pensó en buscar ayuda con la policía de Gibraltar; así que ella se personó en el lugar y les leyó el documento.
La policía le dijo:
Señora, este documento es legal, no le podemos perseguir, y si usted lo molesta, será a usted a quien detendremos.
Rafia... que así se llamaba la chica, se desmayó y cayó estrepitosamente al suelo.
La policía se quedó con ella, hasta reanimarla. Ya un poco mejor se marchó del lugar, con el corazón destrozado.
Rafia vivía en un embarcadero; la casa estaba cerrada a cal y canto. Allí lloraba y lloraba sin parar, y así se pasó mucho tiempo encerrada. 
En el pasado, siempre había sido una chica muy alegre y llena de vida. Siempre que los pescadores, llegaban, ella los alimentaba gratuitamente; pues tenía un restaurante allí mismo... en su casa.
A los pescadores nunca les cobraba..., ya que ellos le daban las mejores piezas de pescado.
Ella guisaba como los ángeles, tenía a toda Gibraltar a sus pies en esto de la comida.
Los pescadores, al ver el restaurante cerrado, se extrañaron mucho. Entre ellos también había un chico de dieciocho años, mucho más joven que los demás pescadores.
Rafia siempre estaba bromeando con que se casaría con él. Los pescadores preguntaron a todos quienes la conocían por ella, pero nadie daba razón de lo que sucedía.
En lo único que todos estaban de acuerdo es que a la chica no se le volvió a ver por el pueblo... Desde aquel día, todo cerrado. Por igual, nadie la había visto salir nunca. 
Este chico pescador venía cada seis meses y, al no encontrarla, se quedó muy triste e imaginó que se marchó a Andalucía.
Ellos se hacían a la mar, sin sospechar nada, pero un día que volvieron los pescadores, el joven estaba un poco deprimido.
Pues el barco donde venían casi se lo traga una ballena inmensa; jamás habían visto semejante ejemplar. El capitán decidió no salir más, pues era muy mayor.
Ya Luis, el pescador joven, como estaba tan deprimido, se sentó junto al restaurante, echando su cabeza hacia atrás, pisándola sobre la puerta de la casa; esta era de madera.
Oyó un ruido dentro; eso a Luis le llamó la atención.
Pero creía que serían las ratas, no contento la curiosidad, le embargó y recordaba a su amada. 

Pues él no sabía a donde pudo ir, ni por qué. Ya todo el pueblo la había olvidado.
Este quiso entrar allí, pero para que no le vieran, lo hizo de noche; tenía que buscar algo que le dijera dónde está.
Entró por una puerta de atrás. La puerta ya estaba muy vieja, las polillas se habían apoderado de ella.
Él entró sigilosamente registrando todos los cajones, y no encontró nada.
Subió a una guardilla que estaba en el tejado, cuando al entrar había un olor horrible, a sucio.

En una pequeña cama vio un cuerpo; era ella, estaba casi muerta, las ratas le habían mordido, las cucarachas estaban por todos sitios, aquello era horroroso, ella estaba en los huesos. 
Luis abrió todas las ventanas y se llevó a Rafia al hospital.
Estuvo treinta días allí, apuntó de morir por las infecciones que tenía,
Luis estuvo día y noche con ella, todo el día con unas gasas limpiándole el rostro, cuando ella recobró el conocimiento, le dijo:
¿Por qué me has salvado? Quiero morir, yo soy la culpable de haber perdido a mi hija.
¡Pero qué ha pasado con Yolina!
Rafia le contó todo lo ocurrido, y él le dijo:
¿Te prometo que tu hija volverá, no te preocupes más?
Ella se abrazó a él, llorando mucho.
Luis le decía al oído:
¡Cuánto te he echado de menos, esas risas, ese modo de hablarme guiñándome siempre, me has tenido siempre enamorado! 
Ya le dieron el alta en el hospital, y Luis primero la llevó a la pensión de María, en el pueblo.
Rafia, yo voy a arreglar la casa primero, vendré más tarde; el médico ha dicho que tienes que reposar.
Luis era un chico muy sensato, muy listo y experto en hacer de todo, ya a arreglada la casa ha ido por Rafia, y la ha llevado a la casa.
¿Ella ha dicho: madre mía las has dejado nueva?
Él le ha dicho:
¿Has cenado? Pues ya es muy tarde.
¡Sí, gracias, ya cené!
Se marcharon a la cama y, entre caricias y besos, han hecho el amor apasionadamente.

Él le ha dado un millón de besos, por tanto amor recibido.
A la mañana siguiente, él le ha dicho:
¡Iré en busca de ese matón!
Ella le ha dicho:
Si me dejas me moriré seguro.
Él se lo ha creído, al ver cómo la encontró.
Ha ido a ver a su patrón y le ha dicho.
¡Ehhh! ¿Patrón, te acuerdas de Rafia, la chica del restaurante? ¡La he encontrado casi muerta!
Le ha contado todo; él es un viejo lobo de mar, y le ha dicho:
¡Vaya, qué lástima de chica!
¿Patrón, tú sabes que yo me moría de amor por ella?
¡Ya lo sé, Luis! ¿Qué quieres que haga?
¿Patrón, sé que vendes el barco, podrías vendérmelo a mí?
Sí, chico, pero el problema es que este barco vale veinte millones de pesetas.
Patrón, solo tengo tres en el banco; lo demás te lo pagaré poco a poco... por favor, te lo pido. ¿Tengo que rescatar a Yolina la niña, acuérdate cuando se te subía encima llamándote abuelo?
¡Sí, es cierto! Me rompes el corazón, muchacho. Yo en esta casa vivo solo, la verdad es que se me estaba cayendo encima. 
Haremos una cosa: iremos a rescatar a la niña los dos.
¡No! Seremos tres... dijo Rafia. Si no voy con ustedes, me moriré aquí sola.
Pues rayos y centellas que nos vamos los tres... respondió el patrón.
Se han dirigido hacia Cádiz. Allí, en la costa, han entrado en un mesón, preguntando a todos por el inglés, pero nadie sabía nada.
Cuando salían del mesón, un hombre que recién entraba le preguntó al tabernero:
¿Quiénes son esos?
- Están buscando al inglés.
El hombre ha salido afuera y se ha encaminado hacia el muelle... ¡Ehhh... oiga!
El viejo bucanero ha volteado... ¿Sí?
- ¿Buscan al inglés?
¡Sí! Lo estamos buscando. ¿Sabe dónde está? Agradeceré que nos diga donde encontrarlo.
- ¡Sí! Pero antes, me tenéis que decir para qué lo buscáis.
¡Lo siento! No podemos decírtelo.
- ¡Ahhh! Entonces no os lo diré.
¡Venga, hombre! ¡Dínoslo! Te pagaremos. ¿Cuánto quieres? Preguntó el viejo.
- ¿Cuánto? Ya os dije mi condición... Os lo diré si me decís para qué lo queréis.
El abuelo, ya nervioso, responde: Quizás para matarlo... tiene una niña secuestrada.
- ¡Ahhh, ya! Es la niña esa, que lleva en el barco.
¿La conoces?
- ¡Sí! Una cría que vive con él, la tiene muy abandonada y le pega cuando quiere.
¡Maldito bribón! Lo mataré... con mis propias manos, gritó el abuelo.
- Iré con ustedes, ese es el trato.
¡Bueno! Vale... pero puede ser peligroso.
Han subido al barco, y el hombre al ver a Rafia. Ha preguntado:
- ¿Y esta chica quién es?
Luis rápidamente le explica que es su prometida y la madre de la niña.
- Ahhhh, ¡vale! A sus pies, señora, con todos mis respetos.
¡Acto seguido agregó...! ¡En marcha! ¡Vamos a Formentera, allí anda este maleante!
Han tardado algunas horas en llegar... más lo han conseguido. ¡El informante le ha dicho!
¡Mirad aquel del mástil alto! ¡Ese de la bandera inglesa, ese es su barco!
Era un barco viejo, pues el yate que tenía lo había perdido jugando a las cartas. Ya no tenía un duro, solamente se dedicaba a beber en la cantina, y armar gresca. Vivía en el barco y como siempre borracho.
Luis entró en el barco... la pasarela ya estaba muy mal, y se ha roto al entrar la mitad.
Ha registrado todo en el camarote, y en un rincón ha encontrado a la niña. La pequeña lucía desnutrida y con muchas ojeras; pues estaba enferma. Cuando se acercó, se dio cuenta de que tenía una cadena en los pies, con un pequeño candado.
Ha llamado al patrón, con señas.
- ¿Sí? ¿Qué sucede?
El muchacho y el informante se han encaminado hacia el barco.
Y el viejo les ha prevenido... ¡Cuidado con la pasarela! Que está casi rota. Trae una cizalla que necesitamos cortar un candado.
Cuando se acercaron, le dijo que la había encontrado a la niña, pero que estaba enferma, con heridas en los pies... y que en general estaba muy maltratada.
La trasladaron con mucho cuidado y se han llevado a la niña. 
En ese momento, se percataron que el inglés salía de la cantina, y como siempre armando bronca, y muy borracho.
Ellos rápidamente se han alejado de aquella zona, para no llamar la atención,
El inglés ha cogido una lamparilla de gasolina, que tiene a la entrada, y al pasar por la pasarela, esta se ha roto del todo. Casi se cae al agua... Se ha agarrado por los pelos.
Bajó al lugar donde tenía a la niña, y al ver que no estaba, se ha cabreado muchísimo. 
Maldiciendo al mundo entero, prendió en ataque de ira y estrelló la otra lámpara en la proa.
El viejo barco, de pronto, ha empezado a arder; el hombre se ha caído intentando salir, pero no hay pasarela y se ha debido regresar hacia dentro.

Desde doscientos metros más o menos, todos están viendo la terrorífica escena... pendientes de todo lo que sucede, pero imposible es salvarlo. Las llamas suben por las velas arriba, y por eso no le dio tiempo para abandonar... ¡El barco se ha quemado con él!


Hemos respirado con el corazón encogido. Seguidamente, hemos suspirado, una bocanada de aire fresco y suave... que hasta ha echado el barco a andar.
Ya paso todo gracias a Dios, y nos arrumbamos de regreso a casa.
Nos hemos casado y somos muy felices, ella ha abierto el restaurante, su niña bonita le ayuda en todo, el abuelo se ha quedado con nosotros a vivir.
Los cuatro creamos un fuerte vínculo, y salimos de vez en cuando; vamos a pescar, pero sin irse muy lejos.
El restaurante volvió a ser un éxito en Gibraltar, y si no lo crees, acércate al muelle y verás un bello restaurante llamado: "Rafia y Luis".
- Fin -
Derechos de Autor
Enrique Nieto Rubio.
Colabora en imágenes.
 Silvia Regina Cossio Cámara.